—Despacho del Señor Lorca, su hijo habla ¿En qué puedo servirle? —Papá tenía una conexión en la telefonía de la casa, de esa forma separaba las llamadas del trabajo y del hogar, por lo que si este teléfono suena debe ser laboral.—Ah... —Un sonido de duda llega, detengo mi trabajo para oír mejor, laboro como cartógrafo y catastro, así que el despacho de mi padre es la forma más cómoda de avanzar estando cerca de él —Yo... ¿Puedo hablar con él?
—El Señor Lorca está actualmente retirado, él está... enfermo.
—¡Oh! Lo siento, yo necesito hablar con él pronto... dígale que llamó Carlos Álvarez, él no me conoce pero... yo soy hijo suyo, dígale que volveré a llamar. —Y colgó.
¡Qué! Intento regresar la llamada pero nadie contesta.
—Carlos Álvarez —Repito mientras busco un papel donde escribir, apunto con letra grande el nombre junto a la palabra hijo —No puedo creerlo, que no tuviera reacción para pedir un número o algo. — Intento varias veces más pero es inútil, nadie recibe la llamada, uso el celular para conectar con el Detectives González, no sé en qué momento llamará; en horas, mañana, semanas... no puedo tener ocupado la línea. —¿Bueno? ¿Detective? Soy Lorca, sí, tengo indicios... un chico llamó hace minutos, comentó su nombre y que era hijo de papá pero colgó, dijo que llamaría... —El detective me indica que me calme, que ya viene, puede que dure unos treinta minutos en llegar ya que estaba lejos. Al colgar no sé que hacer, de regreso en la oficina me paso mirando el artefactos, esperando un sonido que no llega. El detective tarda un poco más de lo indicado en llegar pero lo hace, coloca un extraño mecanismo al teléfono y regresa la llamada.
—Hum...
—¿Qué pasa? —Pregunto acelerado, realmente estoy que sufro un infarto de los nervios.
—Es un teléfono público, de esos que alquilan para llamadas... cualquiera pudo usarlo, no está tan lejos, se ubica dentro de los límites de la región, debe ser de los alrededores de negocio, lo mejor es esperar la llamada, dar unas veinticuatro horas antes de salir.
—Sí, no sé si aguante veinticuatro horas esperando —Señalo cansado, que se supone que haga, dormir junto al escritorio atento a cualquier sonido.
—Si quiere puedo quedarme unas horas a esperar con usted.
—No creo que ayude de mucho en la espera, pero es cierto que quizás usted pueda obtener más información si la llamada entra.
—Me quedaré un par de horas —Señaló dejando el saco sobre el respaldo de su silla —Me gustaría charlar con su padre, no le he visto recientemente y es un buen amigo.
—Oí que iba a descansar, valla a la izquierda y llame a la habitación del fondo. —Le señalo, él con una sonrisa sale hacia allí, que cansado era la espera, quizás ese es uno de mis peores defectos... a veces tomo todo con pausa y otras desespero hasta el último instante.
Ese día acabó sin noticia alguna, lo que volvió mi noche en un martirio de dudas, al día siguiente recibí temprano una llamada de Adhara, para avisarme que todo iba en marcha para su visita de la semana entrante, doy un sorbo a mi café mientras miro a la nada.
—¡Tienes una cara... como que no has dormido nada! —Argumenta Page sentándose en el reposa brazos del sofá, no dudo de ello así que ni siquiera discuto —Viéndote así parece que en lugar de tener 28 años tuvieras cuarenta años, una familia, dos hipotecas y tres trabajos —Eso logra hacerme reír, papá interrumpe al entrar apurado a la sala.
—Levántate Andrew, ven conmigo. —Ordena, me pongo en pie algo aturdido, no llevo ni ropa de salir, solo decir que mis zapatos son pantuflas, busco rápido las llaves y mi billetera que están cerca, el celular lo tengo en el bolsillo.
—Papa pero a dónde van ¿Estás bien? ¿Está todo bien? ¿Qué sucede? —Pregunta Page asustada revisándolo con la mirada, el niega para decirle mientras deja dos palmaditas en su hombro.
—Todo bien cariño, solo necesito comprar algo... Vamos Andrew muévete. —Sale del recinto y no tengo de otra que seguirlo, no voy a dejarlo conducir solo, ya en el auto le veo más calmado.
—¿A dónde te llevo? —Pregunto descalzo, no puedo manejar los pedales en pantuflas.
—Vamos a un local de cosas varias, sigue esta dirección. —Colocó su móvil en aquel pequeño objeto que Page consiguió para así usar el manos libres, no sé ni siquiera si tiene nombre, miro dos veces la dirección con el rabillo del ojo.
—Papá ¿Hablaste con Carlos? —Más que respuesta es confirmación lo que busco, ya que es la misma dirección que el detective rastreó.
—Sí, llamó a la oficina y contesté, es un niño de catorce años que parece ser uno de mis hijos, o almenos ha rastreado sus orígenes hasta mí, quedamos de vernos en ese punto.
—¿Por qué no en su casa? —Él se queda pensativo, yo solo suspiro para bajar el estrés, detesto manejar inquieto —Crees que no tenga permiso de sus padres.
—No lo pensé, pero es probable.
—Así que... él nos estaba buscando.
—Supongo que no soy el único que necesita respuestas para tener calma. —Menciona mientras mira la carretera, nos espera un viaje corto pero largo en suspenso.
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Los doce hijos de mi padre
RandomToda persona cree saber todo de sus padres, es la ignorancia de ser hijo, imaginarlos ir al sanitario, teniendo instintos carnales o ideas suicidas nos resulta tan perturbador que expulsamos de inmediato cualquier intento de imagen al respecto... pe...