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Todos en la maldita oficina de transito me miraban raro. Sabía que se debía a mis ojeras y al corte en mi labio.

¿Por qué mi estúpido auto estaba tan mal estacionado?

—Gracias. Que tenga un buen día —me dijo la joven asistente.

Salí de la oficina y esperé a que me devolvieran el auto. Un hombre me llevó hasta el estacionamiento y me indicó por dónde debía salir.

En la seguridad de mi camioneta pude pensar en la madrugada que pasé despierto y en la sacudida que Sehun me dio antes de echarme de su departamento.

Mi cabeza estaba tan confundida, pero gran parte de mi cuerpo me decía que debía regresar a ese cálido departamento, dejar que los brazos de Sehun me atendieran y responder a todos los besos que él quisiera darme. Él me dijo que estando ebrio las cosas se complicaban un poco para volver a casa, por lo que me llevó hasta su departamento y después de un café terminamos en su habitación.

Sejeong tenía razón: él es muy bueno. En unos segundos ya sentía su respiración en mi torso, me hacía preguntas que yo respondía con suspiros o moviendo la cabeza. Su cabello hacía cosquillas en mis caderas, su boca dejó de cuestionarme para ocuparse de mi pene. También estaba concentrado en sus manos que jugaban en mis muslos y a veces subían hasta mis pezones.

Sus labios terminaron hinchados y húmedos. Me sonrió de medio lado y subió hasta mi cuello; algo pegajoso se resbalaba por mi piel.

—Lo siento. Se me escapó un poco —dijo—. Me haré cargo. —Su lengua pasó con fuerza por la zona y despertó todos mis sentidos.

Su ingle se pegó a la mía y nuestros miembros se presionaron entre sí, cada vena era aplastada y el líquido preseminal caía por el cabello púbico y chocaba en gota contra las sábanas. La fricción hacía picar mi piel, Sehun no dejaba de respirar en mi cuello, yo sujetaba con fuerza su trasero y lo subir y bajar; como impuso metí un dedo en su ano, él se sacudió, buscó mi boca y me dio una mordida. Sus ojos eran profundos, la pequeña mancha de sangre en sus colmillos lo hacía ver como uno de esos vampiros que había leído en mis novelas. Este era tan real y, al igual que una doncella victoriana, yo me dejaría hacer lo que sea.

...

—Seguro lo pasas genial con esos dos hombres, Sejeong. —Mi amiga levantó su vaso plástico de café como si fuera un brindis.

—Sí. —Sacudí mi cabeza y busqué mi celular para enviarle un mensaje a mi novio; si es que aún lo era.

...

Después de la corrida, tomé un baño en el departamento de Sehun y me puse la misma ropa de la noche anterior. Él me había ofrecido su abultado guardarropa, pero no quise tomar nada. Ya había demasiado de él en mí.

En el ascensor miré con cuidado cada pulgada de mi cuello. En un momento de pasión hasta el más precavido comete errores.

¿Cuántas veces había tenido encuentros íntimos con Sehun? A ciencia cierta, solo había sido uno carnal. Pero, ¿y todas las veces que se quedó viendo esos ojos mientras tenía sexo con Sejeong? ¿Contaba como una infidelidad desear a Sehun en la posición de su novia?

—Señor Park, tiene una llamada en la línea —me comunicó uno de los secretarios.

Tenía una vaga idea de quién podía ser, solo esa persona llamaba a un fijo cuando tenía mi número personal.

—¿Mamá? —Escuché un suspiro prolongado y un chasquido.

—¿Por qué no atiendes tu teléfono? —Fruncí el ceño y busqué sobre mi escritorio y en los bolsillos de mi tapado. ¡Mierda!

—Creo que lo perdí.

—Espero que no sea una excusa. —Me tranquilicé cuando ella bajó el tono y volvió a ser la madre amorosa de siempre—. Esta noche tendremos una cena, no lo olvides. Quiero un lindo presente que me haga olvidar tu descuido. No sé si a una madre cualquiera, pero a mí no me vuelvas a dejar de lado. ¿Entendido? Nos vemos esta noche, bebé.

Esperaba que nadie estuviera escuchando a través de la línea. Me moría de vergüenza de solo pensarlo. ¿Cómo reaccionaría Sehun ante el apodo que su madre siempre usaba con él? A grandes rasgos podía imaginarme su risa burlona y los numerosos chistes que se ocurrirían para fastidiarme.

—¿Por qué estás sonriendo? —me preguntó Kai. Llevaba un traje negro y un ramo de rosas.

...

Ya llevaba más de siete llamadas perdidas y mi estúpido novio no contestaba. ¿Qué demonios le pasaba? Ni que fuera tan agobiante contestar un mensaje. Levanté mi mano con todo el coraje y paré un taxi. Ese maniático iba a escucharme. 

...

—No entiendo por qué sonríes cuando te estoy contando que mi matrimonio se está yendo a la mierda.

Parpadeé un par de veces.

—¿No me estabas escuchando?

—No es eso. Me gustaría ayudarte, pero no sé qué decir. Nunca estuve casado y mi relación no es un campo de gomitas de azúcar.

—Tienes un punto. —Kai clavó los ojos en el ramo que estaba sobre mi escritorio—. Sabes, el día que cometí ese error... Kyungsoo lo supo apenas vio mi rostro, me conoce demasiado, pero yo no sé cómo conseguir su perdón. Ahora me mira como si no esperara nada.

—¿Qué significa?

—Que va a dejarme. —Levantó su mirada—. Él me perdonó para que lo dejara procesar todo en paz, y lo ha conseguido.

—Kai...

—A él no le gustan las flores, nunca le gustaron, pero las cuidaba y las aceptaba porque eran mías. Es el quinto ramo de esta semana. Él me dijo ya no eran necesarias, que dejara de hacerlo. Ni siquiera estaba enojado.

En momentos como estos me gustaría que Chen estuviera aquí. 

—Y si aceptas lo que va a pasar, es decir, dijiste que Kyungsoo ya lo ha decidido. —Kai tragó saliva—. Es una decisión madura, llevaban un mes sin dirigirse la palabra y tu esposo está embarazado. No es agradable vivir así.

Kai se cubrió el rostro con ambas manos. La voluntad inquebrantable de Kyungsoo había puesto de rodillas al abogado más temido en Seúl. Mis hombros cayeron cuando pensé en la prueba que mi amigo algún día tendría que superar: ver cómo su ex rehacía su vida. La imagen de Sehun en esa fiesta llegó a mi mente. Kyungsoo en un futuro, ¿sonreiría al desechar de una vez por todas su matrimonio? Al fin y al cabo,todo se iba a la mierda en algún momento. 

—Kai, creo que estoy cruzando hacia tu orilla. —Él me miró como siestuviera confundido—. Pero no sé si voy a terminar mejor o peor que tú.

LO QUIERO EN PRIVADODonde viven las historias. Descúbrelo ahora