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Su sonrisa no era engreída, pero sus ojos me decían que sabía controlar a la perfección sus impulsos. Sejeong no separaba su vista de nuestras manos, lo solté con ligereza y mantuve mi posición. Él no se inmutó por la brusquedad, solo regresó su mano y la apoyó a un costado de su cintura.

—Ya tengo que irme. —Revisó su reloj—. Fue un gusto verte otra vez, Sejeong.

Parpadeé ante su repuesta y presioné mi mandíbula. Él se aferró al picaporte de la puerta y cerró. Mi novia atinó a dar unos pasos, pero le pedí que se sentara.

Íbamos a hablar.

—Sé que no es un amigo un amigo. —No dejé que apartara la idea de mi cabeza—. Además, hoy saliste con tu grupo de trabajo y no hay personal masculino en tu zona; tampoco es tu jefe, porque lo conozco.

—Es un amigo nuevo, lo conocí en el bar esta noche —me respondió con seguridad—. ¿No te agrada? ¿No notaste lo bueno y educado que es?

—¿Por qué tendría que pensar eso de un hombre que solo he visto una vez? —Recogí los papeles importantes que dejé olvidados sobre la mesa por culpa de la visita—. ¿Piensas traerlo a casa otra vez? ¿Tengo que estar presente?

—Sí. Y te encantará estar presente. —Removió las lapiceras que estaban sobre el escritorio—. Será nuestro gran amigo, los vecinos dirán que es el mejor amigo de la pareja.

Negué son una sonrisa; algún descabellado plan estaba a la vuelta de la esquina.

—¿Él es consciente de las cosas que circulan por tu cabecita? —Apunté con mi dedo índice a mi cien.

—Está más que de acuerdo. El único cobarde aquí eres tú. —Liberó un quejido molesto a modo de queja—. Mañana voy a invitarlo a cenar y tienes que estar a una hora decente o comenzaré con el juego sin ti.

—¿Me estás amenazando, Sejeong? —Me picó mi garganta por el tono bajo que utilicé—. ¿Quieres que terminemos con esto de una buena vez?

—Eso te gustaría, ¿no? —Me apuntó con un cortapluma—. Te he dejado claro que necesitamos algo que reavive nuestra relación, porque los viajes y cenas románticas no están funcionando. Necesitamos una descarga potente, algo que sacuda los cimientos de nuestra relación y la ponga patas para arriba, en el buen sentido.

—¿Y piensas lograr eso metiendo a un tipo a nuestra cama? Solo dime que quieres acostarte con otro y ya.

—Permíteme corregirte; los DOS nos vamos a acostar con él. —Su voz subió y bajó de forma sugerente—. Hice una investigación a fondo, y Sehun cumple con los gustos de ambos.

—A mi no me calientan los hombres, Sejeong.

—Ese es problema tuyo. —Se rio—. Elegí una persona elegante, con buenos modales y con una mente abierta. Probaremos un par de veces y si no te gusta, no habrá problema.

—¿Y qué hay de él?

—No tienes que preocuparte. —Agitó su mano y se levantó; segura de que me había convencido—. A Sehun no le interesan los compromisos. Él me dijo que, si las cosas se ponen turbias, será el primero en abandonar el barco.

—Que considerado de su parte —carraspeé.

—Le prometí que solo serían encuentros sexuales, ningún contrato o sentimiento de por medio. Su libertad debe estar garantizada y tú y yo sabemos que lo importante aquí es nuestra relación.

—Pero me estás pidiendo que sea paciente cuando un hombre...

—¿No vamos a llegar a ningún puerto verdad? —Recogió su bolso del sofá—. Voy a estar en la habitación, si se te ocurre algo mejor me avisas. También puedes ponerte a pensar en la frase que copiaste de un libro y escribiste en tu guitarra favorita. ¿Cómo era... —No terminó la frase; solo señaló hacia la guitarra que reposaba entre otros trofeos—. Buenas noches, Chanyeol.

LO QUIERO EN PRIVADODonde viven las historias. Descúbrelo ahora