Cap 2. Donde Siempre
Al oír sonar la campana sentí un gran alivio. Estaba en pleno repaso oral de geografía y la profesora amargada me había preguntado a mí.
-Capital de Eslovaquia, Pierce - repitió.
-Ha sonado la campana-me excusé. No tenía ni puta idea de cual era la capital de Eslovaquia y no creo que importase mucho la verdad. Mi vida no va a ser mejor por saber la capital de un país perdido de por ahí.
-Todos se quedan hasta que responda- la vieja momia también conocida como la señora Graham, me miraba como una bruja a través de sus gafas. Observé que se cruzaba de brazos sobre su feo jersey marrón, soso como él solo.
Por suerte, Jeff entró en ese momento:
-Señora Graham, tienen que irse.
La bruja se resignó y nos dejó salir. Fue como si hubiera estallado una bomba fétida en la clase. Salimos llevándonos todo lo que se nos pusiera por delante. Al salir en el pasillo estaban todos igual, saliendo pitando de las clases cargados con mochilas.
Busqué una melena pelirroja entre la multitud pero no la veía por ninguna parte. A quien sí vi fue a Ella con sus amigas. Ella destacaba porque era la más alta e iba partiéndose de la risa. Solía echar la cabeza hacia atrás cuando reía mucho y abría mucho la boca, parecía un león rugiendo. Nada atractivo, vamos. A su lado, enganchada de su brazo, iba Cristy que también iba riendo con su fea risa y dando golpes a los demás al pasar. Un poco más retrasadas iban Emily y Hunter, las otras dos amigas de Ella. Emily era la típica empollona que se estresa a la mínima, aunque he de admitir que es mona. No es sexy ni atractiva, más bien recuerda a una niña mona de ocho años. Hunter es más bien la definición de adolescente problemática. Hace unos años era una marimacho que ni se peinaba para ir a clase, pero ha sufrido un cambio radical. Se preocupaba mucho más por su aspecto, y a menudo llevaba maquillaje aunque estuviese prohibido en el colegio. Otro acto de rebeldía es que recientemente se ha hecho dos piercings en la oreja. He de admitir que este cambio le hacía bastante atractiva a mis ojos
Las dos primeras iban riendo y las dos últimas cuchicheando por lo bajini. Intenté disimular que las miraba, pero me di cuenta de que ella también me estaba mirando. Parecía asqueada de verme y seguramente lo estaba. Aún estaba muy reciente su historia del culo al aire.
Por fin salieron por la puerta del pabellón y pude dejar de disimular.
Salí por la otra puerta donde encontré a Vicky con sus dos amigas, Jessica y Natalie. Este trío me hace mucha gracia. Se supone que son las tres chicas más populares de tercero, pero en vez de caerle bien a todo el mundo, todo el mundo las odia. Solo son ellas tres contra el mundo, lo que no quiere decir que dos de tres no estén buenas. Vicky ya he dicho que es un pibón pelirrojo pecoso, su cuerpo es para comérselo y es sexy como una modelo. Natalie es una rebelde sin causa, suele parecer desaliñada y pasota pero tiene una belleza natural indiscutible. No me importaría pasar el rato entre sus piernas. La que sí se merece todo el odio que recibe es Jessica. Es tan repelente que a veces supera a Ella, y es malvada, pero de verdad que es malvada. Se ríe de las desgracias de los demás y es cruel con la gente. Vale, yo también lo hago, pero no he dicho que no seamos iguales. Excepto en lo físico, claro.
-Pierce-dijo Natalie. Llevaba un cigarrillo apagado entre sus labios-¿Me das fuego?
Sonreí y saqué mi mechero del bolsillo. En realidad no fumo mucho pero siempre llevo uno encima, todo el mundo sabe que me pone encenderle el cigarro a una tía en sus labios. Sobre todo Natalie.
Se lo encendí mientras me miraba juguetona con sus ojos miel. Yo le correspondí.
Este grupo también me hace gracia porque entre las tres compiten por llevarse al chico. Se roban ligues entre ellas, excepto Jessica supongo.
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Querida Watson
Teen FictionQuerida Watson: Caer en el colmo de lo absurdo es mi especialidad. Por eso cuando me encuentro con que mi vida depende de la persona que más odio en el mundo, no me sorprende lo más mínimo. Eso sí, ¿Cómo se supone que voy a salvarme si esa niñata de...
