Capítulo III

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Cap 3. Sangre

"Escuché un ruido, como el  de la madera al crujir. Todo estaba oscuro, no veía nada, sólo oscuridad. Palpé en ella y me choqué con una pared invisible, la golpeé pidiendo ayuda pero la voz no me salía.

De repente ese crujido volvió. Algo tiró de la especie de pared hacia atrás abriéndola como una puerta. Cerré los ojos cuando penetró la luz en la oscuridad deslumbrándome. Escuché una risa maliciosa y los abrí.

Allí ante mi estaba ella sujetando la puerta de madera... de mi ataúd.

-Adiós Pierce- dijo solamente con una sonrisa malvada y cerró la puerta de golpe.

Intenté gritar pidiendo ayuda pero la voz no me salía y por más que golpease la puerta, esta no se abría."

Abrí los ojos sobresaltado. No sé si por el sueño o por el ruido del despertador, sólo sé que enseguida sentí un dolor terrible en la cara.

Me incorporé y corrí a mirarme en algún espejo. Solo vi que mi piel estaba algo irritada, pero el resto seguía igual de atractivo que siempre.

Recordé que había tenido un sueño, pero ya se me había olvidado. Sólo recordaba que daba algo de miedo.

Igual soñé con la señorita Marshall.

Recordé de golpe que hoy era sábado y sonreí. Tenía dos días para hacer lo que me diese la gana antes de volver a la cárcel de cuarto A.

-El viernes debió ser la hostia...-murmuré. Recordé que había quedado con Pam y con Vicky y que después... mierda.

Ahora ya sabía por qué, al comprobar el móvil, de la única chica que no tenía un mensaje era de Vicky. Aún seguía enfadada por lo de Pam, pero ya se le pasaría.

Después de eso había quedado en ir de copas, tal vez por eso lo tenía todo medio borroso.

Abrí la ventana y el aire fresco me dio de golpe en la cara aliviándola. Fuera, el cielo estaba gris y encapotado y la acera estaba recubierta por una fina capa de hielo que se empezaba a derretir un poco por los débiles rayos de sol, que se colaban entre las nubes.

Fuera no había nadie, debía ser muy temprano para que la casa de los Watson estuviese tan en silencio. Lo normal es que estuviesen montando jaleo con su molesto piano.

Entonces, en medio de la carretera, vi a una mujer de espaldas a mí. Tenía el pelo de color rojo sangre recogido en un moño y llevaba una gabardina negra a juego con un gorro. Estaba ahí quieta mirando en dirección de la casa de los Watson.

-Será una pariente - pensé apartando la vista de la calle y volviendo al interior a mi habitación.

De repente, escuché un grito que me heló la sangre.

Corrí a mirar por la ventana y lo que vi me dejó sin aliento. La mujer estaba ahora tirada en la carretera a los pies de un coche deportivo, su cabeza estaba sobre un charco de sangre...mucha sangre.
Me subió una arcada por la garganta pero me esforcé por no echar las tripas. Miré de nuevo sin poderme creer lo que estaba viendo, el cráneo estaba ligeramente hundido en la acera.

Salí corriendo escaleras abajo con el corazón a mil por hora. No soy médico pero estaba seguro de que esa mujer estaba muerta. Salí por la puerta principal jadeando por el carrerón que había hecho y corrí hacia la carretera.

Pero cuando llegué estaba desierta. No había ni cuerpo, ni coche, ni sangre. Miré a mi alrededor confuso, estaba bastante seguro de lo que había visto... aunque tal vez era la resaca haciendo de las suyas.

Querida WatsonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora