Una patada en el estómago nunca ha sido mi forma soñada de despertarme. Por eso cuando la punta del zapato se hundió en mis costillas seguido de un dolor agudo, antes de abrir los ojos ya había deseado la muerte del dueño de ese pie.
Abrí los ojos dolorido y vi que aún estaba en el bosque de los Watson, seguramente sería Ella que había vuelto para echarme o para ver si me había matado de la patada en los huevos.
Me preparé para cagarme en su vida cuando escuché una risa que no era la de Ella. Era mucho más suave e irreal. Como si sonara dentro de mi cabeza en una pesadilla.
-Dormir en el jardín de una chica no es un primer paso para conquistarla.
Me volví y escruté la oscuridad hasta que ví el destello de un colmillo blanco. La reconocí en seguida.
-No tengo ganas de esta mierda- me levanté a duras penas por la paliza que me habían metido entre Ella y la pelirroja.
-¿No tienes ganas de salvar tu vida, humano?- sonrió.
-Eres muy buena actriz, en serio- me sacudí el polvo sin mirarla a la cara- ¿Quién te paga? ¿Cameron, Vicky? ¿mi padre?
-No me pagan- pude ver mejor el contorno de su rostro perfecto. Parecía estar divirtiéndose con mi situación.
-Entonces eres una zorra barata- En cuanto pronuncié las palabras soltó una carcajada escalofriante. Después me miró fijamente y su rostro cambio radicalmente en un destello de ira.
Me agarró del cuello sin darme tiempo a reaccionar y me estampó contra el suelo.
Por un momento sentí como no me llegaba el aire a los pulmones y jadeé asustado.
-¿Cómo tienes tanta fuerza?- miré sus brazos delgados que a primera vista parecían incapaces de poder siquiera con una silla.
-No quieres entender- murmuró entre dientes- ¡Necio! Sigues sin creer...
Apretó más la mano.
-Resulta difícil de creer que los demonios existen- la voz apenas me salía. Intentaba quitármela de encima pero no se movía ni un centímetro. Busqué con la mano una piedra, una rama, cualquier cosa. Pero sólo había puta arena.
-Los humanos estáis ciegos...-volvió a murmurar esa frase que me había llamado tanto la atención en el club- No me extraña que perdiérais la magia.
-¿De que estás hablando?- notaba que poco a poco iba abriendo la mano. Traté de seguirla el juego el tiempo suficiente como para encontrar una piedra y estampársela en el cráneo.
-La magia...hace mucho tiempo...-hablaba con la mirada perdida- ¿Quieres entender? ¿Quieres ver?
Asentí levemente, por fin noté el filo de una roca en mis dedos.
-Te advierto que no será agradable- sus ojos despidieron una chispa que me cegó al mismo tiempo en el que estampaba la piedra en su cabeza con un alarido.
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Mis pulmones volvieron a reactivarse al mismo tiempo en el que el despertador sonaba.
Me incorporé buscando el aire, buscando respirar. Hiperventilé un tiempo hasta que noté que mi corazón latía con normalidad, no estaba muerto...no me había matado.
Los recuerdos seguían en mi cabeza totalmente claros, no se habían esfumado como me pasaba últimamente cuando me desmayaba. Recordé el momento en el que golpeé con una piedra a la demonia ¿La había llegado a dar? Sólo recordaba estar totalmente cegado para entonces y no podía hacer visto ni oído si la había afectado la pedrada.
Y otra cosa que se me estaba olvidando ¿Qué mierda me ha hecho?
Me levanté corriendo de la cama y me miré en el espejo. Ahogué un grito cuando vi claramente la marca sobre mi frente.
Estaba distinta, seguía estando rojiza pero parecía como si estuviera empezando a sanar, la toqué con los dedos temblorosos y sentí que ardía. Los retiré con una mueca de dolor y me llegó a la nariz un olor a chamuscado.
Genial.
Entré en pánico cuando me di cuenta de que estábamos a martes y no podía ir al instituto con esa especie de tatuaje satánico en toda la frente.
Corrí por toda la casa sin importarme una mierda a quien despertar, buscando maquillaje de mi madre o cualquier cosa con la que cubrirlo.
Me puse un gorro delante del espejo y en efecto, lo cubría. O al menos lo cubría hasta que empezó a arder. Me lo arranqué y lo tiré por la ventana antes de que me friera los sesos.
Un poco desanimado pero igual de desesperado, me intenté poner el maquillaje viscoso de mi madre pero me volví a quemar los dedos. Intenté aguantar el dolor hasta que mi mano empezó a echar humo.
-¡Joder!- sacudí la mano furioso y derrotado.
Vale, no voy al instituto hoy. Decidido.
-¿Qué estas haciendo?- mi madre estaba en la puerta. Tragué saliva al pensar en la bronca que me iba a echar como viera la marca.
-¿Hijo, no me oyes?- caminó hacia mí y me puso la mano en el hombro para volverme.
-¡No, no mamá! No pasa nada, solo me estoy vistiendo- forcejeé con ella para que no me viera la cara.
-¿Qué haces? ¿Por qué me das la espalda?- al final perdí en el forcejeo y me giró. Cerré los ojos esperando el grito de mi madre al ver la marca satánica de mi frente.
Pero no lo escuché:
-¿Porque te has puesto maquillaje? ¿tienes un grano o algo?- Note su mano en mi frente borrándome el maquillaje y abrí los ojos alarmado:
-¡Mamá, no!- esperé a ver su mano en llamas, pero una vez más, no pasó lo que me esperaba. Sólo ella mirándome como si estuviera loco.
-¿Qué?
-No tengo ningún grano- farfullé entrando en mi baño y cerrando la puerta.
Vi que la dejé con la palabra en la boca y detrás de la puerta solo escuché un suspiro y sus pasos al irse.
Seguramente estaría pensando que su hijo es un jodido loco, al menos espero que le eche la culpa a las hormonas.
Me limpié el maquillaje con agua y papel mojado que también salieron casi ardiendo.
Cuando estuve seguro de que ya no tenía ni una gota en la frente me volví a mirar en el espejo. La marca estaba ahí y se veía perfectamente, sin embargo mi madre no la había visto. Sus surcos habían pasado de estar rojizos a negros como el carbón, como si se hubiera cauterizado. Pasé los dedos sobre ella, ya no ardía. Recordé las palabras de la demonia de repente:
-"¿Quieres entender? ¿Quieres ver?"
¿Me había hecho ver lo que los humanos no podemos ver? ¿Por eso veía la marca?
Vale, tenía razón. Servía para convencerme de una vez por todas de que no estaba siendo víctima de una broma. Mi madre nunca participaría en algo tan cruel hacia mí.
Supongo que entonces sí que voy al colegio hoy.
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Querida Watson
Fiksi RemajaQuerida Watson: Caer en el colmo de lo absurdo es mi especialidad. Por eso cuando me encuentro con que mi vida depende de la persona que más odio en el mundo, no me sorprende lo más mínimo. Eso sí, ¿Cómo se supone que voy a salvarme si esa niñata de...
