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Me desperté de golpe, tirando algunos papeles en el proceso.
Cierto, me había quedado dormido en mi escritorio.
Estaba de un humor pésimo, además de que lo que había escuchado ayer me había molestado en sobremanera también había dormido en una posición pésima, tenía los músculos adoloridos, parte de mi imperfección.
Después de alistarme y odiar la vida por un momento, finalmente salí de casa en dirección a la sede de los caballeros, tenía algunos informes pendientes y para mi mala suerte hoy no podía faltar al trabajo.
Llegué, había salido con prisa pensando que llegaría tarde pero tal parece que había llegado bastante temprano porque mi percepción del tiempo estaba alterada...
—Buenos días, señor alquimista.— Lo escuché llamarme, no me voltee de inmediato para mirarlo...
¿Por qué tenía que aparecerse justo ahora?
—Buenos días, Kaeya.— Lo saludé de vuelta más por obligación que por ganas, detalle que él no pasó por alto.
Hubo un silencio incómodo, tenía ganas de morir y renacer en cualquier otro lado de Teyvat.
—Parece que alguien está de malas, ¿Qué te pasa, Albedo?— Lo escuché, su tono era ligeramente burlón, lo que me molestó todavía más, pero mantuve mi compostura.
Aún no entendía por qué me molestaba tanto, éramos solo compañeros de trabajo...
Definitivamente estaba arrepentido por haber escuchado esa conversación.
No le respondí, pasé de largo y me encerré en mi oficina por un buen rato hasta que mi asistente llegó, Sucrose me dedicó una mirada preocupada, tal parece que no era bueno ocultando mis emociones.
—¿Se siente bien, maestro?— Me preguntó con preocupación genuina, pensé en olvidar el tema y centrarme en mis investigaciones como siempre.
Pero no podía... El sentimiento persistente de molestia no desaparecía y no me dejaba concentrarme en nada de lo que hacía.
Lo dudé un poco, pero finalmente opté que lo mejor para mí era desahogarme y contarle aquello que tanto me preocupaba, ella me escuchó, no pareció juzgarme, de hecho, me entendió.
Quizá no pueda ayudar demasiado, pero le aseguro que los celos son completamente normales.— Dijo ella, sus palabras me hicieron entender por qué me sentía así.
Estaba celoso de Rosaria.
Aquello me hizo sentir peor, pero ahora tenía un peso menos al saber que alguien al menos me comprendía.
El día transcurrió con normalidad, no salí de mi oficina en todo el día y me mantuve ocupado con tal de no pensar en aquello.
Cierto, quizá había tratado un poquito mal a Kaeya y debería disculparme con él...
Pensé mientras me olvidaba momentáneamente de todo el papeleo que tenía pendiente. Decidí salir de mi oficina, ya me había hartado de estar todo el día en mi oficina pensando en lo mismo, así que decidí salir directamente de la sede de los caballeros para dar un paseo por la ciudad.
Me senté en una de las bancas que estaba en los alrededores de la estatua de Barbatos, quizá ahora podría pensar en todo este asunto con más calma.
Pero estaba muy equivocado.
—Veo que finalmente te dignas a salir de tu oficina, pensé por un momento que tendría que sacarte de ahí a la fuerza.— Lo escuché hablar, al instante me sobresalté porque pensé que estaba completamente solo.
¿Kaeya me había seguido?
Él se sentó a mi lado, poniéndome tenso por la cercanía y ligeramente nervioso, no habíamos hablado desde aquella incómoda conversación en la mañana, quería disculparme con él, pero las palabras no salían de mi boca y nos quedamos en silencio un rato hasta que finalmente me armé de valor.
—Perdon sí... Te traté mal esta mañana, no era mi intención.— Dije desviando mi mirada hacia otro lado, no quería mantener contacto visual.
Lo que hizo a continuación me dejó completamente estúpido.
Kaeya notó que no lo miraba, así que tomó suavemente mi mentón y me obligó a mirarlo.
—Hey... Mírame. No te disculpes por eso, no me lo tomé personal.— Explicó con aquella sonrisa despreocupada que me dedicaba cada vez que me miraba.
Aquellas palabras eran lo único que había deseado escuchar todo el día incluso si no se me había cruzado por la cabeza.
Mi corazón latía con fuerza y por un momento logré olvidarme de absolutamente todo, mis celos innecesarios, la culpa que constantemente me perseguía, mis propias inseguridades por no ser perfecto.
Su mirada me hipnotizaba de una manera que no lograba entender, sentía que podía besarlo en ese momento, pero me contuve y en su lugar me aparté suavemente con una sonrisa, asintiendo ante sus palabras.
No hablamos mucho aquella noche, pero se quedó junto a mí, no hacían falta palabras de consuelo para saber que estaba ahí, tampoco hacía falta el contacto físico para sentir aquella calidez en mi pecho.
También debo decir que finalmente pude dormir en paz por una noche cuando llegué a casa.
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855 palabras
Hola ya sé que me tardé en actualizar, tenganme paciencia, a veces salir de un bloqueo está cabron, pero ya estamos aquí JAJAJAJAJA
No hay mucho que decir, intentaré traer las correcciones más seguido y de momento no hay ninguna curiosidad por destacar sobre este capitulo, así que ya bai