Aclaración antes de iniciar: Este capitulo estará narrado en tercera persona.
TW: Consumo de tabaco.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Una monja solitaria caminaba por las afueras de Mondstadt, furiosa por la última conversación que había tenido con su enamorado.
—Definitivamente te sucede algo, nunca te niegas a acostarte conmigo.— Dijo Rosaria con un tono que denotaba sospecha. Estaba molesta con Kaeya, pues llevaba semanas negándose a mantener relaciones sexuales con ella.
¿Qué había cambiado para que de repente dejara de desearla? Habían mantenido una relación amistosa y erótica durante años y ahora simplemente había decidido que ya no quería hacerlo con ella.
Rosaria se sentía usada.
—No te lo tomes personal, primor. Simplemente no tengo ganas, no es nada de lo que tengas que preocuparte.— Dijo él mientras pasaba un mechón de su cabello detrás de su oreja.
Pero ella sabía que eso no era cierto, que había algo más detrás de todo eso y no podía simplemente ignorarlo.
A la mente se le vino la imagen de aquel apuesto joven rubio, el jefe alquimista de los caballeros.
Habían tenido una relación cercana, pues él le había enseñado a preparar porros con hierbas específicas y varias veces se había drogado con él, lo consideraba como alguien cercano, pero no lo suficiente para llamarlo "amigo".
Los había visto juntos por un par de veces, siempre se mentía a sí misma diciendo que solo eran buenos colegas de trabajo, pero no podía pasar desapercibido el rubor que siempre estaba presente en las mejillas de Albedo cada vez que estaba demasiado cerca de Kaeya.
Y ese mismo día los había visto casualmente charlar y beber en la taberna más popular de Mondstadt, aquella taberna dónde habían pasado innumerables veces y ahora estaba él junto a otro hombre.
Su mente ardía en celos, si quería tener toda la atención del capitán de la caballería debía deshacerse de la competencia y rápido.
Pero no estaba lo suficientemente enferma para hacerle daño, no tenía planeado hacerlo, no hasta que su dealer de confianza la contactó para darle su siguiente entrega.
—Te veo desanimada, bonita... Sabes que no me gusta verte así.— Dijo aquel hombre de cabello claro. Sus intenciones no eran del todo buenas y estaba claro que era un intento de manipulación, pero Rosaria estaba demasiado molesta como para pensarlo más detenidamente.
Pero por muy molesta que estuviera, Rosaria no era estúpida, tenía una mente aguda que le decía que quizá no era buena idea contarle aquello que tanto le perturbaba y aún así, Dottore era lo suficientemente inteligente para deducir la situación.
Después de todo, los fatui están en todos lados y Dottore podía reconocer perfectamente el rostro de una mujer dolida.
—Te molesta la existencia de ese chico, ¿No es así?— Preguntó el hombre de mayor altura, dedicándole una sonrisa perturbadora.
Rosaria lo miró perpleja y sorprendida, pero lejos de asustarse, asintió melancólica, incapaz de ocultar el dolor en su rostro.
—Yo puedo ayudarte... Tendrás el amor del hombre que deseas, pero a cambio, deberás entregarme al jefe alquimista.— Dijo él sin dejar de sonreír, le ofreció su mano. Parecía sugerencia, pero no lo era.
Rosaria lo pensó, si aceptaba sería cómplice de un crimen, pero estaba demasiado herida como para pensar en su moralidad, así que sin dudar, estrechó su mano, cerrando así un trato peligroso.
Esa noche Rosaria no pudo dormir, fumó un porro para intentar limpiar su consciencia, pero aún bajo los efectos de aquellas hierbas mágicas no dejaba de pensar en lo que acababa de hacer, se sentía ligeramente culpable, pero no había manera de echarse atrás, pues conocía perfectamente a la persona con la que estaba tratando.
Lo que Rosaria no sabía era que Dottore (o al menos uno de sus clones) había estado investigando al joven de cabellos dorados, siempre había sentido fascinación por los seres no humanos y desde que se enteró de que aquel chico era una forma de vida artificial había decidido que Albedo era el candidato perfecto para sus investigaciones. Era una obsesión retorcida por obtener más conocimiento.
Y mientras todo eso sucedía, Albedo disfrutaba de otra noche al lado del capitán, quien bromeaba y lo hacía reír de vez en cuando, completamente ajenos al caos que estaba por desatarse.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
757 palabras
Corto, me tardé en actualizar, ya sé
Y con esto terminamos las correcciones de los primeros capítulos, yeii. Cómo dije, la trama original se mantiene, pero quiero profundizar a los personajes, añadir drama y romance... Y corregir faltas de ortografía sobre todo JAJAJAJA