VI

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VI

Sintiendo el olor de la sangre de Inu Yasha miré a su dirección dándome cuenta que miraba a una dirección a metros de él, era el desgraciado que había engañado a mi clan. Naraku.

Al verlo sonreírle a Inu Yasha mi sangre hierve con deseos de descuartizarlo, pero el olor de sangre de Inu Yasha me congela, al verlo lo vi era atravesado por tres espadas ¿Por qué no se defendió?

_¡¡¡Inu Yasha!!!

Grité con todas mis fuerzas miles de estacas salieron desde el suelo empalando a mis enemigos. Quienes estaban hiriendo a Inu Yasha al ver las estacas comenzaron a acercarse a ellos soltaron las espadas y saltaron lejos de él. Llegué a su lado en un instante, agitado y un poco débil al usar demasiado poder en mi abstinencia.

Aun si un par de veces Inu Yasha me había dado algo de su sangre mediante sus besos una inanición de unos 650 años con la excepción de aquella vez que bebí de él cuando era un niño, no habían restaurado mi poder por completo mucho menos de aquella vez que me vi forzado a dormir para sanar mis heridas, y de alimentarlo ahora.

Herí mi brazo al ver que Inu Yasha escupía sangre y sus ojos perdían sanidad. Sus colmillos se enterraron en mi brazo herido bebiendo de mi sangre. Logrando ver que sus heridas comenzaban a sanar. Sonreí aliviado de ver que sus ojos volvían a tener ese hermoso brillo, cuando sentí unos golpes sordos en mi espalda.

El dolor quemante lo recordaba bien, pero por alguna razón esta vez no podía sacar los proyectiles de mi cuerpo y como si insectos comenzaran a recorrer mi interior sentía el ardor expandirse y desgarrando mi interior. Quité mi brazo de la boca de Inu Yasha con miedo de que bebiera lo que sea que me habían lanzado desgarrando mi brazo.

_¿Sessh?

_Inu Yasha... debes irte...–dije sintiendo otra ráfaga que golpeó mi espalda.

_El nitrato de plata parece no permitir que las heridas se cierren –escuché la voz de aquel bastardo –Disparen a la cabeza.

Enterré la espada de mi sangre en el suelo y usando lo que me quedaba de fuerza alcé la sangre del campo de guerra.

_Sesshoumaru, detente –me dijo al comenzar a salir de mis ojos y boca sangre –yo los detendré... por eso...

_Aún tiene tanto poder. Realmente es un monstruo.

Vi como las cejas de Inu Yasha se juntaron al escucharlo y sentí su deseo de matar, pero con una porción de sangre lo sujeté al suelo. Aquellos proyectiles serán peor para él que para mí. No permitiré que salga lastimado por estos Bastardos.

El sol comenzaba a salir cuando con desesperación comenzaron a disparar y a correr, pero era demasiado tarde.

Como bestias salvajes sangrientas y hambrientas tanto terrestres como aéreas la sangre viajo a ellos atacándolos, destrozando a cada una de las presas alcanzadas.

Los rayos del sol comenzaron a quemar mis piernas mientras reptaba en su subida al cielo.

_¡Sesshoumaru! ¡Por favor detente! –Me pidió mientras era restringido por mi sangre.

Tosiendo un cuajo de sangre, la sangre que había enviado a atacar a los que quedaban del Vaticano cayó al suelo siendo absorbida.

Había podido ver a cada uno de ellos al unir mi vista con las criaturas y había sido capaz de ver como Naraku había sido gravemente herido, pero no había logrado matarlo, solo podía esperar que la herida fuese lo suficientemente grave; otros habían logrado escapar.

Las heridas de aquellos proyectiles parecían perforar mi interior y el ahora creciente sol no ayudaba en nada a recuperarme.

Inu Yasha que había sido liberado de mi agarre ahora me sostenía y reclamaba por lo que había hecho...

Me cuesta respirar...

_Te sacaré de aquí así que aguanta –dijo con voz temblorosa. Pero en cuanto me movió tosí más sangre y las heridas crecieron –. N-no... ¿Por qué...?

Mordió su mano haciéndola sangrar y haciendo que la sangre cayera en mi boca, pero no soy capaz de beber tosiendo devuelta y solo me recosté en su regazo sintiendo como era quemado por el sol y mi interior era destrozado por lo que sea que fuesen esos proyectiles. Él tomó de su sangre besándome, pero realmente solo hace que tosa más... Veo el terror en su rostro y puedo sentir como tiembla y trata de cubrirme del sol. Sus ojos se inundan y mi rostro es bañado por sus lágrimas...

_¿Qué hago? Sessh ¿Qué hago?

Su voz tiembla.

En mi cabeza pasan mil preguntas y me duele verle así. ¿Por qué tengo que despedirme de ti? ¿Por qué no nos dejaron vivir en paz? ¿Es un pecado tan terrible ser diferente? ¿O no creer en lo que ellos creen?

Mis propios ojos derraman lágrimas de frustración por ver sufrir a Inu Yasha.

Aun ahora cuando de mis venas caen la sangre y mi vida se va poco a poco, incluso si mi mente se llena de preguntas no deseo estar en otro lado que no sea tus brazos, ser visto por otros ojos que no sean los tuyos. Y sin embargo como desearía volver a ese tiempo donde tus ojos eran tan brillantes como tu sonrisa... No importa cuanto lo desee... sé que es mi final... solo me duele que tu rostro tenga esa expresión... deseo decirte tantas cosas y no encuentro las fuerzas.

Con dificultad alzo la mano tocando su mejilla.

_Te amo... –susurro con una sutil sonrisa.

_Yo... yo también...

Me dice entre su llanto y veo algo que me aterra. Sus garras se alargan y se va a apuñalar el corazón trato de detenerlo, siendo mi brazo el apuñalado.

_No –digo en un hilo de voz.

_¿Por qué?... yo... no quiero...

_Vive...

_¡No! ¿Por qué quieres...? estoy enlazado a...

_Vive...

_Egoísta...

Sé que lo que le pido es quizás egoísta pero deseo que viva.

Vive niño...

Llora haciendo que mi pecho se apriete, pero prefiero estar de este lado y saber que vivirás.

Temiendo que se haga algo llamo a mi espada... y apuñalé su pecho.

Espada de sangre.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora