En su camino al altar Lucerys había pensado en todas las posibles muertes que Aemond le daría en la noche de bodas. Todos esos años había tratado de tranquilizarse, su madre también lo había intentado, pero todo se reducía al miedo que ahora sentía...
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Por cuestiones de las imágenes, recomiendo leer en fondo blanco :D!
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Aemond caminó por el gigantesco pasillo, ahora arrepentido de su boda...o no. Genuinamente tenía sentimientos encontrados de todo aquello; no esperaba aquellas ovaciones y personas llorando su nombre con felicidad, como si fuese un salvador, un conquistador. Tampoco no esperaba que Lucerys hubiese crecido tanto desde la ultima vez que lo había visto, seguía siendo más bajo y delgado que él; pero ya no era el niño salvaje que le arranco el ojo, ni el niño consentido de la cena de hace tres años.
Pero, lo que definitivamente no esperaba para nada era la cantidad de gente que cabía en el Septón. Hombres, mujeres, niños, ancianos, alfas, omegas... todo King's Landing y la mitad de los siete reinos estaba ahí, en su boda...su boda. Nunca creyó que se casaría con el pequeño bastardo, si lo hubiese escuchado cuando había ocurrido la mutilación de su ojo se habría arrancado el otro ojo el mismo, pero después de escuchar a su padre y abuelo con la misma cantaleta por casi cuatro años se había hecho la idea.
Tener Drifmark, ser Lord de Tides y viajar con Vaghar por las aguas... y por supuesto, tener mucho dinero; sonaba como una gran idea hacía dos meses, cuando por millonésima vez su abuelo insistió y él finalmente dijo "sí" estando ebrio. Todo había sido culpa de Aegon y hora se odiaba y odiaba a su hermano por ello, por un segundo había olvidado que Driftmark y toda esa jugosa fortuna venían con un polizón ¡Y qué polizón! Admitía que si había olvidado a su sobrino aquellos días, había venido a su mente cuando Alys habló de él y su caridad en Flea Botom, no le tomo importancia a decir verdad, hasta que todo el mundo comenzó a mencionarlo horas después y por supuesto... mencionaron su compromiso.
Ya cuando lo había visto caminar junto a Daemon con los ojos más aterrorizados que jamás había visto a alguien frente al altar, la realidad llegó a él. Ni el traje o las lentejuelas en su cabello podían esconder el miedo que él omega sentía y debía admitir que en ese momento el alfa sintió satisfacción al saber que finalmente aquel omega dejo de burlarse de él y tenía terror. Ni siquiera había podido pronunciar las palabras sagradas sin tartamudear, seguro que unos minutos más y hubiese meado su bonito traje.