Capítulo IV

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Aún no amanecía y Teo fue el primero en despertar, sintió el cálido cuerpo de Ian pegado al suyo, abrazo su brazo, que aún se encontraba rodeándolo por la cintura y de la misma forma en que se atesora un regalo muy esperado, él atesoraba ese momento, no sabía porque le provocaba un placer particular estar abrazado a su hermano, pero deseaba que esa sensación no se acabara nunca. Cerró los ojos y con mucho cuidado de no despertar a su hermano se mantuvo acariciando la mano de este hasta volverse a dormir.

Al despertar Ian, observó a su hermano, con mucha cautela quitó su mano para que esté siguiera durmiendo, era sábado por lo cual ninguno de los dos debía ir a trabajar, así que no se molestaría en despertarlo, salió en completo silencio, de la misma forma que hacía en su infancia y regresó a su cuarto.

El desayuno fue más tarde de lo habitual, el padre se había ido a la tienda desde hace varias horas y solo estaban ellos en la casa, desayunaron y ambos fueron hasta la tienda para ayudar a su padre, sirvieron cafés, atendieron el mostrador y las mesas, ayudaron a cargar canastas de pan hasta los vehículos repartidores y estuvieron todo el día cooperando con el personal, tal y como solían hacerlo cuando iban a la escuela y durante las vacaciones.

Por la tarde, cuando la tienda ya había atendido al último cliente, la caja se encontraba cuadrada y los hornos apagados, fue cerrada la tienda, los tres retornaron a la casa, el padre no se quedó a cenar, había sido invitado a la fiesta de cumpleaños de su hermana, que vivía del otro lado de la ciudad, de hecho, toda la familia había sido invitada, pero sus hijos no tenían ánimo de asistir y para no generar un desaire el patriarca asistió en nombre de su familia.

Solos en casa y sin ánimos de cocinar, decidieron ordenar pizza para la cena y por primera vez en mucho tiempo Ian compro cervezas, solo un six pack, porque no quería que su hermano se excediera con la bebida. Para su sorpresa, esa noche, Teo no bebió ni un solo trago de alcohol, quedando cinco cervezas guardadas en el refrigerador. Luego de comer el menor de los hermanos, salió al patio, encendió un cigarro y se tendió en el césped a observar el cielo, las estrellas iluminaban el manto nocturno, él intentaba pensar solo en ello, en el cielo estrellado y que en alguna parte de aquel cielo se encontraba su madre, observando cómo sus hijos intentaban sobrellevar su partida y deseándoles felicidad, pero era tan difícil ser feliz ante su ausencia, tan difícil ser feliz cuando se desea todo y no se puede tener ese todo, para él su felicidad siempre había sido entorno a la mujer que más lo había amado y ahora no encontraba la forma de ser feliz.

Con su mano secaba las lágrimas que recorrían el rabillo del ojo y se deslizaban hasta caer sobre aquel pasto, se puso de pie intentando controlar su llanto, apagó el cigarrillo y regresó a la casa, su casa que más que casa era un refugio o eso había sido en el pasado, ahora solo eran paredes vacías, sin calor, sin luz que solo se encontraban intentando sostener un techo, que en cualquier momento se derrumbaría sobre todos ellos. Subió hasta su cuarto, se quitó toda la ropa a excepción de sus boxer y se recostó en la cama. A medianoche despertó y vio que su puerta se encontraba cerrada y había sido cubierto por una manta, que había estado guardado en el armario, ¿Habría sido Ian o su padre?

Camino hasta el fondo del pasillo y la puerta del dormitorio de sus padres se encontraba abierta y la cama vacía, pasaban de las tres de la mañana y lo más probable es que su padre haya decidido pasar la noche en casa de su hermana, por lo cual quien se había preocupado de cubrirlo y cerrar la puerta había sido su hermano. Regresó por el pasillo, pero está vez caminó hasta el cuarto de Ian, abrió la puerta, con mucho cuidado para no despertar a nadie, no entendía porque sus pies siguieron avanzando y no se detuvieron en su cuarto, pero ya se encontraba en ese lugar y para su sorpresa este aún se encontraba despierto y se hallaba solo. Su esposa nuevamente se había quedado en la casa de sus padres con Olivia.

No te puedo desear.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora