CAPÍTULO 06

2 1 0
                                        

LA TRAMPA

DYLAN.

— Hey, Marcia usted no tiene ni un poquito de vergüenza ¿por qué es tan tramposa? Manilarga, pulpo; no tenía por qué aprovecharse de la situación y robarle el teléfono a la pobre chica, ¿usted porque es así?, aprovechada usted si es bien culebrera, de verdad, se pasa, Marcia, se pasa. De verdad que sí. ¡Huich!, es que de verdad no tiene vergüenza, no le da pena.

— ¿Pena de que o que?

— No tenía derecho a ponerse de chora a hacerle eso a la chica.

Le entorno los ojos. — usted sí que es bien torcida y maliciosa, no.

— Ay, ya, deje la cantaleta, me aburre, este teléfono, aquí donde lo ve, vale oro, —me abre mucho los ojos como como si fuera una desquiciada a punto de asesinar —, nos pueden dar un buen billete por él, y usted así chillando, deje la chilladera mejor. Porque más bien no me dice que le gustó la flacuchenta esa, diga, diga, no me crea boba, no crea que no me di cuenta como la miraba, como se la devoraba, tengo malicia indígena y soy mujer, lo intuyo y por eso se lo quiere devolver, porque se le cae la baba por ella, mire ahí hay un trapo pa que se limpie, —continua —,  así que por eso quiere congraciarse con ella y quedar como un príncipe delante de ella, jaja, usted de príncipe no tiene ni los calzones.

— ¡Bah!, que va a saber usted, no es más ignorante porque no puede, esa ambición suya no la va a llevar a ninguna parte, oyó.

— Ja, mira quien habla, —se burla. — ya se volvió decente usted, el digno pues.

— Tengo limites Marcia, que al parecer usted no conoce, y este teléfono — se lo muestro a lo alto de sus ojos después de arrebatárselo de las manos —, se le devuelve a la dueña y punto, entendió.

Se lo arrebato.

— Más bien recuérdelo, recuerde esto, puedo ser lo que usted quiera, pero no dejo de ser una mujer y este sexto sentido no me falla, y por todas mis malas experiencia en la vida es que lo sé, tengo mis años, usted apenas es un mocoso pelado, que se cree que se las sabe todas, pues no muchacho, no es así. La vida también me ha golpeado, y eso, — me señala con su mugroso dedo — eso, se queda aquí —señala su cien — y aquí — señala su lado izquierdo del pecho. — sépalo y entiéndalo, muérgano.

Se va dejándome ahí cabezón. (Pensante)

— Disque decente, que tiene límites, si claro como no — se burla murmurando de mí, sola.

Al día siguiente voy a visitar al jefe en la ("cana"), porque a él no se le puede dejar mucho tiempo sin información o sin que le vea la cara a uno, porque empieza a buscarnos sobre mar cielo y tierra y lo peor es que nos encuentra fácil, hasta debajo de las piedras y de ahí nos saca, sea como sea, nunca tendríamos un escondite completamente seguro fuera del alcance de él, donde no pudiera encontrarnos.

Siempre hay que ponerlo al día con todo y si yo no vengo o no puedo hacerlo, viene Marcia y lo hace, ella también le informa de todo y la muy bocona le dice hasta cosas de más, cosas que yo no le digo y prefiero guárdamelos pero de nada sirve porque con ella guardar secretos es inútil, es cavarse su propia tumba.

Mientras voy en camino, durante el recorrido en la moto hasta el reclusorio, no sé porque se me vienen imágenes de ella, no sé por qué de algún modo u otro la recuerdo y su cara vuelve a mi cabeza patentica, tan clara como el agua como si la estuviera viendo justo aquí en este preciso momento, como toda una sirena encantada...Como una premonición.

Es preciosa, es lindísima, es delgada alta, estilizada, elegante, fina y refinada, es educada, todo lo que yo no soy, no digo que sea perfecta o tenga el cuerpo perfecto el típico 90-60-90, solo que para mi lo es, parece una de esas modelos sacadas de revistas, así como de los ángeles de "Victoria Sicro (Secret)", o como se diga eso.

INFAME (BORRADOR)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora