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Dejé a Jennie en su casa, eran las dos de la mañana y recién ella llegaba a su casa, conmigo.

Becky se quedó con Freen a saber qué y Jisoo y Rosé se habían perdido no sé dónde, así que me ofrecí a llevar a Jennie a su casa. Todo porque se les ocurrió salir a una discoteca después del cine.

—Falta una sola cosa para poder dejarte en tú casa sola— dije bajito.

Jennie me miró. Y pude adivinar lo que decían sus ojos. Ella pensaba que la besaría. Aunque ganas no me faltan.

Tengo que lamentarme.

—Una rosa para la mujer más bella que han visto mis ojos— le entregué otra rosa roja. Ella me sonrió avergonzada.

—Gracias, Lisa— me dijo. —Oye, ¿No es muy tarde para que andes por las calles?

—Eh, sí. Ya me voy— dije.

—¡No! No, digo. Es que— lo pensó. —Queria que te… te quedes a dor… dormir aquí— tartamudeó.

—¿Solo dormir?— Pregunto, y sé que mi pregunta le sonó mal porque se sonrojó violentamente. Luego me miró sonriente y creo que de Jennie paso a Ser Jennie Ruby Jane.

—Sí— dijo con más seguridad. —A no ser que quieras hacer otras cosas— dijo caminando hacia su departamento. Me quedé estática sin saber que decir. —¿Vienes o no?

Asentí, corriendo hasta donde ella.

Que mujer.

Su departamento tenía dos habitaciones, bien por mí.

Cuando entramos, ella fue a bañarse y yo hice lo mismo, cuando salí, Jennie pasaba ya vestida por la sala de estar, ya que el baño principal estaba cerca de ahí.

Ella se me quedó mirando un rato.

—¿Pasó algo, Jennie?— pregunté burlona. Ella me sonrió.

—No— se me acercó. —Solo que estás muy sexy así.

Ella iba a subir las escaleras así que la tomé del brazo y la pegué a mí.

—Tú estás mucho más— dije susurrando y mirando sus labios.

—¿Vas a besarme ya? Muero por probar tu boca— eso me descontroló completamente y una corriente eléctrica recorrió mí cuerpo.

Y la besé.

La besé con ganas. Con muchas ganas. Moría por probarla.

Jennie soltó un gemido cuando me aferré a su cintura. Ella me agarró del cuello y me besó con más intensidad. El beso se estaba tornando muy caluroso ya.

Y lo sentí, ella metió sus manos dentro de la toalla y enloquecí. Y solté la toalla y quedé totalmente desnuda frente a ella.

Ella se separó de mí y me miró completa.

—Dios…— soltó un suspiro y me tumbó al sofá. Se subió encima mío y besó mi cuello como una loca. Eso me dejaría muchos chupetones mañana.

Pero no me importa.

Yo no me quede atrás y chupé su cuello sin piedad, como un vampiro hambriento. Le quité la blusa y ella no llevaba sostén. Toqué sus pechos con mi dedo pulgar. Ella me gimió en el oído.

—Jennie— la llamé, deteniendo mis movimientos. —¿Tienes condones?— pregunto nerviosa.

—Sí— respondió, sacando una caja de no sé dónde.

Que mujer más preparada.

Me besó de nuevo y quitó sus pantalones desesperada. Sin duda quería probarme desde ya.

La Última Rosa Roja - JenLisa G!PHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora