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Un matrimonio es un deber, sí. Pero eso no nos impide hacer lo que queremos. De follar a quien queramos.
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[EL NORTE - 5 meses después]
La princesa Visenya Targeryan. - anunció Ransy Arryn quien se había convertido en guardia juramentado de la joven.
Princesa, espero que su estancia en el norte esté siendo placentera. - hablo Rickon con una gran sonrisa en su rostro al ver a la platinada embelesada con Ares un pequeño lobezno que al parecer su hijo le había regalado a la joven.
Muchas gracias Lord Stark, el tiempo en el norte ha sido magnifico especialmente porque ustedes me han hecho sentir como en casa. - respondió la joven mientras jugueteaba con el pequeño Ares.
Me alegro, espero que mi hijo no la inoportune siguiéndola a todos lados. - dijo el viejo pelinegro entre risas.
Claro que no, de hecho es una compañía bastante agradable, algo torpe pero siempre es recibido con favor en mis paseos. - hablo nuevamente la joven con calidez en en su tono de voz.
Cregan se había acercado mucho a Visenya en estos meses, siempre estaba cerca de ella, eran como una pareja de recién casados y siempre que se les veía juntos pasando el rato, ya sea paseando, cazando, visitando las tierras de otros lores o simplemente conversando en la habitación de aquella platinada. Nunca faltaban las risas y sobre todo alguna que otra estupidez por parte del joven tratando de impresionar a la joven platinada. Muchos decían que los jóvenes parecían gustarse pero Rickon puso fin a esos rumores puesto que el honor de la princesa no podía ser cuestionado, especialmente porque ella estaba casada con Daemon quien era popular por ser posesivo y demasiado temperamental cuando se trataba de su esposa o su hijo, el viejo lobo no quería que aquel hombre llegara al norte a pedir la cabeza de su hijo solo por simples chismes.