Visenya daba vueltas en aquel salón, los nervios la consumían y no era para menos pues su hermano el ahora proclamado Rey de los verdes, Aegon, había matado a su sobrino el príncipe Jacaerys... Lo que Rhaenyra le había hecho a su propia hermana no tenía el perdón de los dioses pero aún así a la platinada le dolía demasiado que el sacrificio por esta guerra lo estuvieran haciendo los más inocentes, los errores eran de los adultos porque los hijos tienen que pagar el precio de las malas acciones de sus padres.
Majestad - hizo una pequeña reverencia el maestre mientras entraba en aquel salón.
¿Está vivo? - pregunto con desespero la joven.
Lo está majestad, pero no creo que sobreviva esta noche - respondió con tristeza el maestre.
Visenya tapó su cara con sus manos mientras lloraba desconsolada pues su sobrino estaba al borde de la muerte, ella había causado aquel acto tan atroz, se culpaba de lo que había pasado si tan solo hubiera parado todo ese desastre antes entonces su pequeño príncipe valiente no estaría allí.