Capítulo 1. Sin City.

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Las Vegas, Nevada. Julio de 2022

Lucifer

Desde la esquina izquierda de la azotea del Bellagio podía contemplarse gran parte de la Ciudad del Pecado. 

O al menos todo aquello cuanto mis ojos abarcaran.

Con un cigarrillo colgando de mis labios, las manos en los bolsillos y de pie al borde del abismo, me perdí entre los cientos y cientos de luces que teñían las calles. Desde aquí arriba me sentía como en el desfiladero del Infierno, con mi Reino a mis pies.

Rojos, azules y dorados iluminaban Las Vegas como miles de luciérnagas furiosas en mitad de esa recién empezada noche. Pantallas y carteles de espectáculos inundaban la avenida principal: números circenses, teatros, veladas de boxeo, bailarines y cantantes en números musicales... todo el entretenimiento que quisieras encontrar si te habías hartado de consumir drogas y ver a las strippers locales.

¿Acaso alguien podía hartarse de eso?

A mi izquierda, el luminoso y rojizo letrero del Caesar's Palace relucía en lo más alto del imponente edificio de burda imitación a la arquitectura romana, que escondía tras él incluso un falso Coliseo. A lo largo de Las Vegas Boulevard un seguido de hoteles temáticos presidían la calle principal por la que, al menos de una forma ficticia, podías recorrer medio mundo. Desde Venecia hasta París y sin necesidad de cambiar de acera.

Reí.

Estos patéticos humanos a veces podían ser increíbles.

Saqué mi encendedor plateado, prendí el cigarro y lo volví a guardar en el bolsillo derecho de mis pantalones de traje.

Al menos habían sabido crear un buen parque de diversiones. Sobre todo, para nosotros.

Di una calada y, con el humo serpenteando ante mis ojos, me deleité con el espectáculo de las fuentes del hotel en el que Lilith y yo llevábamos un par de días hospedados. Sentí el sabor del tabaco en la punta de la lengua mientras el agua danzaba en la distancia al ritmo hipnótico de la música, ante mis ojos y los de decenas de turistas. En su mayoría grupos de hombres y mujeres que iban de un lado para otro en busca de todos aquellos pecados y placeres que en sus vidas normales temían permitirse. La cara oculta de los falsos escaparates que tenían por vidas. Ese lado oscuro que no les mostrarían a sus madres, padres, jefes, parejas o redes sociales.

Aquí se desenmascaraban y mostraban su verdadero yo para después regresar a sus vidas con el rabo entre las piernas, fingiendo ser las personas de buena fe que nunca fueron.

Porque lo que pasaba en Las Vegas, se quedaba en Las Vegas.

Sonreí.

Panda de hipócritas.

Las Vegas era el Infierno de los humanos, pero en el único y mejor de los sentidos. Porque el resto de ellos, la oscura verdad, no soportaban admitirla.

Drogas, prostitución, mafias, juego, cadáveres cimentando el desierto sobre el que se yergue... los vicios despreciables y la ambición humana no tenían mucha diferencia con lo que allí abajo residía. Al fin y al cabo, pudiera ser que mi santo Padre tuviera razón y estuvieran hechos a nuestra imagen y semejanza.

Pero significaba aceptar que no solo en todo lo virtuoso, sino también en lo aberrante y detestable. Y ese era un trago amargo y difícil de pasar.

Sentí una ligera y pequeña quemazón en mi brazo derecho y observé la negra serpiente tatuada que envolvía mi antebrazo. Se removió con vida propia como si acabara de despertar y uno de sus ojos me miró.

Hasta que el Infierno se congeleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora