─¿Mi esposa? Ella es mi
razón para vivir. La amo
demasiado, y... por ella
soy capaz de hacer cual-
quier cosa─
─¿Mi esposo? Es muy
tierno y cariñoso conmigo,
...
Estoy aburrida, ¡ya sé! ¡voy a cortarme el pelo! Pensó y se dirigió a su cuarto.
La señorita luego de medirse el cabello y definir la cantidad que iba a cortar, tomó las tijeras en sus manos.
¡Que esto quede bien por favor San Pedro! Respiró profundamente y se dispuso a cortar.
Pero antes de poder hacerlo su marido apareció por la puerta, al darse cuenta de lo que hacía su mujer gritó: ─¡No lo hagas María del Carmen! ¡por tu madre! ¡Si lo haces me rapo al 0!─ Exclamó mientras corría a arrebatarle las tijeras. ─¡Noo!─
Gracias a Dios Mikey la detuvo a tiempo.
─¿Pero por qué?─ Hizo un puchero. ─¡Estoy aburrida ahora y quiero hacer un cambio de look!─
─Pero si siempre estás cambiando de humor, no te hace falta ningún cambio─ Murmuró. ─Además, así me encantas, amo tu pelo así todo largote aunque ¡eres perfecta como sea que sea!; mejor piénsalo un poco más y si de verdad quieres cortarlo vallamos y saquemos un turno en alguna peluquería, y luego podemos dar alguna vuelta por ahí─
Ella aceptó sonriendo.
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Luego de un rato Hori y Mikey, de la mano, se dirigieron a un lago no muy lejos de su casa.
Mientras hablaban de cosas triviales y paseaban por el lugar vieron a un niño solo mirando patos entretenido.
La esposa de Mikey se acercó a él y se agachó para estar a más su altura. ─Holaaa principito, ¿estás solito?─
El niño miró a la jovencita que se dirigió a él para luego mirar a su alrededor y darse cuenta que está perdido. Tras eso, sin aguantarlo, el pequeño empezó a llorar y a llamar a su hermano desesperado.
La señorita Sano lo cargó, poniéndose de pie, para luego abrazarlo dándole varias palmaditas tratando de consolarlo. ─Tranquilo cariño, ahora encontraremos a tu hermano, ¿de acuerdo?, todo va a estar bien─
─E-está bien─ El niño asintió, parecía tener unos 6 años, o quizás un poco más.
─¿Y cómo te llamas peque?─ Preguntó con un tono dulce.
─Kotaro─
¡¡Kwaiii!! Ella miro a su cónyuge. ─¡Amor! ¿Podemos quedárnoslo?─
─No, Hori─
─Pe-pero-─
─Nada de peros amor, algun día tendremos el nuestro propio─
Antes de que pudiera hablar fue interrumpida por un joven de unos 15 o 16 años más o menos. ─¡Kotaro! ¡Al fin te encuentro!─
El niño hizo varios gestos para que la Sano lo bajara y corrió hacia él. ─¡Hermanito!─
La pareja observó cómo esos dos hermanos se abrazaban felices por su reencuentro.
─¡Gracias por cuidar de él!─ Dijo el joven y le tomó la mano al pequeño niño.
─No hay de que joven, ¡Fue un gusto!─
─¿Vamos a casa? Mamá debe estar preocupada─ Le dijo al niño mientras se despedían diciendo adiós con la mano y se alejaban.
Entonces los Sano siguieron con su paseo, un poco más adelante había un un señor vendiendo helados con un carrito, la chica al verlo miró a su esposo. ─Amor ¿me compras uno porfis?─ Se sonrojó un poquito.
─Claro que sí princesa, yo te doy todo lo que tu me pidas─
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