La última vez que regresó con nosotras tardó más en hacerlo. Fueron casi cuatro meses en los que nos cansamos de llamarla, buscarla y preguntar por ella. Ese tiempo fue tan largo para mí que hasta llegué a pensar que Ruby se había ido para siempre, que tal vez ellos se la habían llevado para otro país y que definitivamente ya no la veríamos más. Durante ese tiempo hablé muy poco con Rosé, ella me había llamado a los pocos días de su desahogo injusto conmigo, no solo para suavizar su trato sino también para preguntar por Ruby.
Llegué al punto de buscar a diario una fotografía suya en el periódico, en las mismas páginas donde habían puesto la de Jisoo, pero lo único que encontraba eran las reseñas de los cientos de jóvenes que amanecían muertos en la ciudad. Después opté por tomar esa ausencia de Ruby como una buena oportunidad para sacármela por fin de la cabeza y, quizá, solo quizá, del corazón.
Con tristeza tomé la decisión y, a pesar de no olvidarla, sentí que la vida lentamente empezaba a saber mejor; por supuesto, no faltaron los recuerdos, las canciones, los lugares que hacían que la sintiera en mí, otra vez de vuelta para complicar mi vida. Pensé que separarme también de Roseanne iba a ser útil para mis propósitos, aunque a juzgar por su alejamiento sospeché que ella debería tener las mismas ideas en su cabeza.
Pero como toda historia tiene un sin embargo, el mío fue que las buenas intenciones no me duraron mucho, solamente hasta esa noche, al igual que las anteriores, en que al amanecer me llamó Ruby. Con su habitual «amiga» me sacó del sueño y me hizo helar por dentro. Le pregunté dónde estaba. Ella respondió que había regresado a su apartamento y hacía mucho había llegado, que además lo primero que hizo fue llamarme.
—Perdóname por la hora —dijo, y yo encendí la luz para mirar esa hora en mi despertador.
Le pregunté dónde había estado todo este tiempo y me dijo que por ahí, la respuesta era la misma de siempre. «Por ahí acabando con medio mundo», pensé durante el largo silencio que siguió después.
—¿Y qué me cuentas? —preguntó por preguntar, por sacar algún tema y para ponerle una carnada a mis pocas ganas de hablar.
No me sentía contenta con que hubiese aparecido otra vez, ni con que me hubiese llamado, todo lo contrario, sentía pereza, cansancio de quererla otra vez.
—Está muy tarde, Ruby —le dije—. Hablemos mañana mejor, ¿sí?
—Tengo que decirte algo muy importante, amiga. A ti y a Rosé, ¿sigues hablando con ella?
Ya había cumplido con la razón de su llamada, que a la larga siempre era preguntar por Rosé. Ya nos estábamos aprendiendo la historia de memoria, la rutina que utilizábamos para engañarnos las tres. Algo así como lo que busca todo el mundo para pensar que todo va a cambiar por el simple hecho de que hoy no es ayer, que el tonto dejará de serlo, que la ingrata nos va a querer, que el mezquino se ablandará, o que los humanos nos aliviaremos de la imbecilidad sólo porque el tiempo pasa y que todo se cura sin dejar cicatriz.
—¿Me estás escuchando, amiga?
—No, no volví a saber nada de ella —le dije—. Casi no hablamos.
—Necesito que vengan —insistió—. Tengo que decirles algo que les va a interesar.
—Entonces llámala a ver qué te dice —le dije con unas ganas inmensas de colgar—. Después me cuentas.
Eso fue lo que acordamos. Aunque su intención era que yo le acondicionara el terreno para acercarse a Rosé, aquella vez dejé que fuera ella misma la que se aguantara el reclamo, si es que Rosé era capaz de dárselo.
Esa noche me quedé despierta, no por la inquietud que me dejaron sus palabras, sino por el malestar que se siente al saber que nada cambia. A los pocos días estábamos otra vez Rosé y yo en su apartamento, no de muy buena disposición ni con buen semblante, simplemente atentas a eso tan importante que Ruby nos tenía que decir. Se percibía a simple vista su ansiedad por vernos o quizás por soltar lo que tenía guardado, se veía cansada, trajinada, y aunque no estaba subida de peso, sí se notaba que lo había estado, porque trató de engañarnos metiendo en su ropa de siempre una piel que necesitaba de ropas más holgadas.
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RUBY TIJERAS | Adaptación Jenlisa
FanfictionLa violencia del narcotráfico enmarca esta historia de amor entre una hermosa pandillera, Ruby Jane, apodada «Ruby Tijeras», y dos chicas de la alta sociedad. Una aventura narrada desde los corredores del hospital donde Ruby, llena de disparos, se d...