Adele es una chica tímida y talentosa que necesita dinero con urgencia y acepta un trabajo como asistente, aunque eso implique cruzar límites que nunca pensó tocar.
Victoria, dueña de una empresa exitosa, es fría, perfeccionista y temida por todos...
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Me levanté más tarde de lo habitual y revisé algunos informes en mi oficina en casa.
Intentaba convencerme de que seguía siendo productiva, aunque el cuerpo seguía pidiendo una pausa, cuando bajé a la sala, el desayuno ya estaba servido, comí sola en silencio, con la cabeza llena de pensamientos que no me llevaban a ningún lugar.
Para despejarme, fui a mi gimnasio.
Puse música, empecé a entrenar... y seguí, y seguí, hasta perder la noción del tiempo.
No supe cuánto llevaba allí hasta que escuché unos golpes suaves en la puerta.
—Señorita Evans —dijo mi ama de llaves con voz vacilante— su padre la espera en la sala, viene junto con su madre, su primo Leo y un joven que no conozco.
Me quedé quieta, mi padre nunca aparecía sin avisar y mucho menos en un día laboral, aquello era... inusual.
—Está bien —respondí al fin— Diles que esperen en la sala de estar.
Ella asintió y se fue.
Yo respiré hondo y subí a darme una ducha rápida, me puse un pantalón sencillo y una camisa blanca lo bastante formal como para recibirlos, pero sin adornos.
Cuando llegué al salón, los vi, a mis padres, mi primo... y un hombre que no conocía, de pie junto a ellos, perfectamente vestido, como si fuera a cerrar un trato de negocios.
El hombre, sostenía un ramo de flores.
—Hija —dijo mi madre levantándose— ¿Te sientes bien? No es normal que faltes al trabajo ¿Te ha pasado algo?
Me tomó del rostro, tocando si tenia fiebre con las manos.
Mi padre también se acercó, más serio.
—Victoria, ¿te ocurrió algo?
De reojo vi a Leo aguantándose la risa.
—Estoy bien —respondí, intentando sonar tranquila—Solo necesitaba descansar un día, eso es todo.
Bajé la voz y añadí.
—¿Alguien puede explicarme quién es el joven de allá?
Mi padre se giró hacia él y le hizo una seña, el joven se levantó de inmediato, estiró la espalda y avanzó hacia mí con paso seguro.
—Hija, te presento a Javier —anunció mi padre con tono solemne— Es hijo de un viejo amigo, es un joven prometedor.
El muchacho me extendió el ramo y sonrió.
—Es un gusto conocerte, Victoria.
Lo miré de arriba abajo, detrás de él estaba Leo me hacía señas exageradas, como si se colocara un anillo imaginario.
Entonces lo entendí.
Las piezas encajaron con un golpe seco en el pecho, mi padre ya le había conseguido una prometida a Leo y ahora... era mi turno.