¿Alguna vez han sentido un enorme vacío dentro de ustedes?
Es como si vivieras en modo automático.
Despiertas por la mañana, casi siempre sin necesidad de una alarma, porque algo te mantiene al borde de la vigilia. Te levantas, te miras en el espejo y te ves cansado, más de lo habitual.
Preparas un café, tomas el desayuno, e inicias con esa rutina que conoces al derecho y al revés.
Todo parece estar bien, porque haces todo aquello que se supone que debes hacer en el día.
Trabajas, estudias, comes, ríes, respondes mensajes.
Pero nada tiene sentido.
Ves el pasar de las horas en el reloj. De pronto ya es de noche de nuevo y estás en tu habitación.
Sientes que realmente no hiciste nada, no sabes en qué momento fue condujiste una hora para volver. No recuerdas el haber respondido un correo a tu jefe.
Es como si alguien más estuviera manipulando tus movimientos, obligándote a vivir, pero tu mente no está.
Y te das cuenta que no solo ha transcurrido un día, si no que ya han pasado veintitantos años, y pareciera que nada ha tenido sentido hasta ahora.
Claro que eres feliz, claro que hay momentos de desesperación.
Pero algo te hace falta...
Algo...
¿Qué es?
¿Me falto yo?
Quizás alguna vez me tuve y me perdí, pero, ¿en dónde quedé?
Son las 6:00 a.m. de nuevo.
Y se activa el modo automático otra vez...
ESTÁS LEYENDO
Una noche le conté a mi almohada...
De TodoNo busquen relación entre un escrito y otro, porque no la van a encontrar. Simplemente me levanto por la mañana, me siento por la tarde, o me acuesto en la noche, y comienzo a escribir.
