SANGRE EN LA ARENA.

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Dorian saltó a la costa, kukris en mano acompañados de un alarido, no tan impresionante como el rugido de los Diablos Astados, pero con suficiente energías para inspirar al resto del grupo. Denzel iba justo detrás de él, infundiendo a Colmillo de energía; Fuchs los siguió, desenfundando sus dos dagas mientras caía; Clarissa tocó tierra al último, con las manos posadas sobre su símbolo sagrado y algo que Denzel nunca había visto en su rostro: temor.

- ¿Todo bien Clarissa?

- Todo bien capitán. Creo que podré manejarlo. - respondió después de un largo suspiro.

Denzel se volvió hacia Fuchs y Tanka:

- Revisen la galera, encuentren a la chica o cualquier indicio de su paradero. Nosotros lidiaremos con estos dos.

- ¡Entendido! De todos modos, no duden en llamarnos si necesitan ayuda.

- No te vayas a quedar con ninguno de mis tesoros Doce Dedos, que te conozco. - interrumpió Dorian.

- Lo único que me interesa de esa galera es la chica, ah y poder cortarle la garganta a Weisskrutz. Tanka, abre el camino, sabes que no soy bueno para embestir multitudes, lo mío es pelear desde afuera. Así que ve adelante y yo te sigo de cerca y te cubro.

Tanka asintió y arremetió en carga hacia la galera, lanzando un alarido de guerra que quebró el aire, seguido por Fuchs quien sacó una varita y daba grandes zancadas en zigzag. El Duergar vidente tenía la fuerza característica de su raza y se movía con agilidad a pesar de su compacta corpulencia. Con cada envión de su hacha de guerra cortaba extremidades o cuerpos enteros, tanto de diablillos como de licántropos por igual, lo importante era llegar a la galera en una pieza. Fuchs detrás de él hacía lo propio con los relámpagos que salían de su varita, aturdiendo o electrocutando a cualquiera que osara acercarse a Tanka por los flancos o sobreviviera al filo de su arma.

Clarissa abrió sus brazos y entonó un corto himno: Lesst deink herzigt uns mer kraften füllen. Oh Gottderrichtignem (Deja que tu misericordia nos llene de poder. Oh Dios de la Justicia). Un aura dorada brotó de sus manos y envolvió todo su cuerpo y luego el de Denzel y el de Dorian. Ambos se sintieron más llenos de energía y con fuerzas renovadas. La clérigo avanzó unos pasos y adoptó una posición defensiva al lado de Denzel. Entretanto, este imbuía toda su armadura en magia, su mano izquierda posada sobre su pecho mientras recitaba: ¡Uth vethindas en thuris! ¡Vethio lerjir! Sus ojos se iluminaron de rojo sangre y todas las placas de su armadura brillaron como el mismo tono, mientras se tensaba cada uno de sus músculos y crecían en tamaño y fuerza. -Vamos por ellos...a enviarlos de vuelta al infierno, de donde no debieron salir. - dijo DeVries con confianza y voz profunda. Los dos Diablos Astados dirigieron su mirada hacia las tres figuras brillantes que estaban de pie en la arena ocre de la ribera y arremetieron contra ellos de inmediato, con una ira despiadada reflejada en sus rostros, de esa que no conoce el perdón y ondeando sus largas cadenas, amenazantes, peligrosas, mortales.

- Parece que ellos decidieron venir por nosotros-. Acotó Dorian

- Entonces démosles la bienvenida que se merecen-. Respondió Denzel y avanzó al encuentro de ambos diablos.

Denzel y Dorian corrieron, con sus armas empuñadas y toda la determinación que puede exigir enfrentarse con criaturas como esas. Clarissa los siguió de cerca. -No podemos permitir que nos golpeen, ni con las cadenas, ni con su cola, sería el fin-. Comentó la sacerdotisa sobre la marcha. Esta no iba a ser una pelea fácil.

Fuchs y Tanka se abrieron camino sin mucha dificultad, pues la mayoría de los diablillos y hombres-lobo, o estaban muy ocupados luchando entre ellos o permanecían inmóviles de miedo por la presencia y el alarido de los Astados. Alcanzaron la brecha abierta en el casco de la galera en un par de minutos, esquivando brazos, piernas y cabezas que volaban entre chorros de sangre. Pero el panorama dentro de la nave no era muy diferente al de afuera. La pelea era igual de encarnizada pero más incómoda debido al poco espacio, lo que llevo a Tanka a recalcular sus movimientos mientras seguía avanzando con su hacha, como una moledora de carne, seguido de relámpagos y fuego que Fuchs se encargaba de evocar con sus varitas. - ¡Debemos subir a cubierta! Y buscar a Weisskrutz y a la chica. Ojalá no sea muy tarde. - se dejó escuchar Fuchs entre chispazos y gritos.

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⏰ Última actualización: Jul 29, 2023 ⏰

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Crónicas de Blumenheim. La Travesia del Ejecutor.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora