Capítulo 21 - ¿Angelo?

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Lexa Herman

Bajo las escaleras hacia la cocina de mi casa, arrastrando los pies a mi paso, estoy agotada, estos días fueron muy agotadores y tristes. Llegar de repente de nuestros viajes, conseguir que nos trajeran las maletas, la frialdad de Alexander hacia mí, buscar la manera de que trajeran los cuerpos de nuestro compañero, tener que ver a su familia y decirle la triste noticia. Eso fue lo peor de todo.

Llego a la mesa que está llena de comida, café, panqueques, huevos, pan, mantequilla, jugo y fruta. La única que está en la cocina es mamá, que está terminando de hacer su desayuno. Por suerte, hoy no estoy de humor para escucharle la boca a mi padre, criticando hasta mi manera de respirar. Miro la mesa unos segundos y rio un poco, a mi madre se le olvida que solo vive con dos personas.

— Buenos días, chiquita — la dulce voz de mi madre me anima un poco más.

— Hola, mamá — la saludo tomando una taza de café.

— ¿Pudiste dormir algo?

Niego, imagino las enormes ojeras que debo de tener en la cara. Anoche me permití desahogarme un poco, no sé por qué esto me ha afectado, claro, yo soy una persona sentimental, no me deshago de mi sentimiento.

Hay muchos temas con los que yo siempre mantengo la mente fría, ya que estoy acostumbrada. En mi trabajo ver muerte y sangre es lo mismo que tomarse una taza de café; sin embargo, no he podido con esto. Me tocó hablar con la madre de Harper, no sé qué fue más difícil, si mirarla a los ojos y decirle que su hija murió, o verla desplomarse a llorar. Recuerdo sus sollozos hablando sobre su niña, y me puse en sus zapatos, sabiendo lo mucho que sufriría mi madre si a mí me tocara algo así. Cuando comencé la academia mi madre casi me rogó para que no fuera agente del FBI, aunque al final lo aceptó, todavía no es que esté muy alegre.

Lo de mis compañeros fue hace tres días. Y peor fue el funeral, las fuerzas armadas decidió hacerse cargo e hicieron los funerales juntos, incluso el del chofer también. Y eso fue algo desastroso, tantas personas juntas llorando, soy bastante empática con las lágrimas, soy alguien que si veo a otra persona llorando automáticamente, yo lo hago también. A veces parece una niña pequeña.

— ¿Vas a ir a trabajar? — pregunta mi madre mientras se sienta frente a mí.

— Sí, tengo algunos asuntos que resolver.

— Pensé que la fuerza le dio unos días todo lo que se encontraba en aquel lugar.

— Sí, pero ya lloré lo que iba a llorar — le señales mis ojeras de todo el tamaño posible — hora de volver.

Además, tengo a una persona que ver — Mamá — llamo su atención —. ¿Cómo te diste cuenta de que te gustaba papá?

— No lo sé, pequeña — se encoge de hombros — solo te das cuenta, cuando no quieres a nadie más, solo piensas en esa persona y se vuelve el centro de tu mundo, aunque sea por un pequeño tiempo.

Me río al ver la sonrisa de mi madre, al ver cómo sus ojos brillan.

Hace días me estaba haciendo esa pregunta. Si me gustaba, digo por qué me duele tanto que él lleva estos días ignorándome, ya no es como antes, incluso considero que ahora es peor. Pero aun así no deja de llamar la atención y más cuando llega con su aura de macho alfa. Si hubiera sido otra persona, quizás no le hubiera dado cabeza, sin embargo, no soporto que ni siquiera me mire, prefiero mil veces sus miradas frías a que no lo haga.

— ¿Te gusta alguien, nena?

— No lo sé — admito — eso trato de averiguar — admito, no tengo por qué esconderle nada a mi madre. Si no se lo digo yo, ella se dará cuenta — es que no sé ni siquiera por qué me gusta.

INDELEBLE #PGP2026Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora