Capìtulo 45 - Murio

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Si podrian leer lo que escribir al final de lo agradeceria muchooooooooo




Lexa Herman

¿Alguna vez has sentido ese sentimiento de tristeza que se acumula en el estómago? O peor, ¿un sentimiento de que no todo va a estar bien? Pues así me siento yo. Estos días han sido una agonía. Sé que Milo se fue, pero a veces siento como si él volviera y terminará lo que comenzó. Últimamente, si no veo cuándo me sirven la comida del hotel, no quiero comerla. Por suerte, la mentira del periodo ha mantenido a Alexander al margen; es decir, él cree que mi tristeza y la falta de ganas para tener sexo vienen a base de eso. Cuánto quisiera que fuera así Pero debo pensar en una nueva mentira, ya ha pasado una semana y estoy muy segura de que ya no seguirá funcionando.

Vamos de camino nuevamente al hotel. Alexander me llevó a dar una vuelta para que yo pudiera conocer Milán; sin embargo, no le he prestado atención a nada. Solo quiero llegar al hotel, dormir y no despertarme por al menos un año. Llegamos al hotel y, sin ganas, me bajo del auto. Siento la mirada de Alexander sobre mí, pero no le hago caso; no tengo ganas de dar ninguna explicación. Meto la mano en los bolsillos de mi suéter y comienzo a caminar hacia la entrada. Me llevé la sorpresa de encontrarme con un guapo rubio, con shorts rojos, torso desnudo, lindos lentes de sol y una ardiente sonrisa.

— Hola, hermosa — saluda Mason.

Es el único hombre en la faz de la tierra que me pone ese tipo de apodos y a Alexander no le da un paro cardiaco.

— Mason — digo en forma de saludo y trato de poner mi mejor sonrisa —, no sabía que estabas aquí.

— Llegué ayer — informa — le pregunté al gruñón por ti y me dijo que estabas en tu habitación acostada.

Asiento.

— Hola, cariño — Mason le sonríe a Alexander mientras que este último lo fulmina con la mirada — veo que estás muy guapo.

Me causa un poco de risa ver la reacción de molestia de Alexander.

— Vamos a la piscina — propone el rubio — está deliciosa y lo mejor es que no está muy llena.

Esto no me sorprende, con lo caro que es este hotel, dudo mucho que haya más de cien personas aquí.

— Yo no tengo ganas de ir — digo — creo que iré a dormir.

— Vamos, muñeca — Alexander me toma de la cintura — tienes que divertirte un rato, tienes que salir de esa habitación.

Genial, cuando necesito que Alexander sea gruñón y no quiera ir a divertirse, es cuando a él se le ocurre querer ir a la piscina. Dudo un segundo en si ir o no, pero por más que me negué, Alexander seguía insistiendo. Y no quise negarme, por el hecho de que cada vez que yo quiero hacer algo, aunque él no quiera, al final, por mí, cede.

Lo que tengo que hacer es ir, sentarme en el shenlong, y cuando Mason entretenga al pelinegro, que estoy muy seguro de que lo hará discretamente, me pararé y me iré a la habitación y pensaré en qué razón le daré del porqué me fui.

Asiento. Así que todos nos dirigimos a la piscina, y como dijo Mason, está casi vacía. Apenas hay cuatro personas en ella, y es bastante amplia. Nos acercamos a algunas sillas de playa y tomamos asiento. Está haciendo mucho calor y, si le sumamos la ropa que llevo puesta, pueden imaginarse que básicamente me estoy quemando. Pero es mejor así, mis moretones todavía son notables.

Alexander y Mason comienzan a conversar, no sé sobre qué, ya que no les presto atención. Sigo viendo a las pocas personas que se encuentran nadando en la piscina mientras siento un poco de envidia por ellos. Quisiera poder nadar ahora. Me recuesto en el shenlong mientras deja que la brisa toque mi cara, y aunque estoy muy tapada, me refresca un poco.

INDELEBLE #PGP2026Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora