Capítulo 53 - La venganza 2/2

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Lexa Herman

Miro la hora, son las 2:04 a. m., la noche está en su plena juventud. Tomo entre mis dedos la carpeta que robé de la oficina de Alexander y leo por quinta vez la dirección, asegurándome de que sea la misma, y como las otras cuatro veces, es así.

Miro la casa en el bosque, que está rodeada de hombres plenamente armados. No negaré que fue un buen escondite para Milo, nunca hubiera llegado aquí, pero al final lo logré, lo hice y no me arrepiento ni de lo que hice ni de lo que estoy a punto de hacer.

Busco en el maletero el teléfono desechable, algo moderno, que se encuentra todavía envuelto en plástico. Lo destapo y lo prendo. Lo siguiente es el chip. Admiro a Roman, pudo replicar el chip de nada menos y nada más que Braulio Mejía. No le dije que el número era de él, pero no sentía que fuera necesario decirle de quién era. Tenía miedo de que cuando supiera de quién era, no quisiera hacerlo. Fue fácil conseguirlo, Alexander lo tiene en su lista de contactos.

Saco el chip del pequeño empaque que me proporcionó mi amigo y coloco el artefacto en el teléfono celular. Lo enciendo, en la pantalla primero aparece la marca del teléfono para luego encender con un fondo de pantalla del mar, cosa que venía con el teléfono. Voy a la lista de contactos y, como esperaba, así mismo como replicó el chip, viene con todo incluido.

Una cosa que he aprendido de cómo se maneja la mafia es que todos los que están adentro tienen un teléfono especialmente para el jefe, que no es muy moderno en caso de que tenga que destruirlo, para que no quede nada de prueba; es un pequeño teléfono que todavía tiene una pequeña antena, básicamente si este teléfono se rompe, al menos que un supercientífico lo vuelva a armar, toda la información se pierde. Cada uno tiene uno de esos teléfonos. También es especialmente para el jefe, saben que cuando ese teléfono suena es porque es una orden o una emergencia.

Busco contactos, no se me ocurre cómo Braulio podría tenerlo agregado a sus hombres. Alexander lo tiene agregado con una palabra clave. También están programados para enviar un mensaje a cada teléfono. Eso se lo he visto hacer a Alexander. Sigo bajando hasta que veo un nombre. "Hombres de Colombia", sonrío, estoy segura de que este tiene que ser ese. Bueno, es el único contacto que tiene un nombre fuera de lo común. Redacto el mensaje para enviarlo y lo leo. Le doy a todos los contactos, arriesgándome a que les llegue incluso a los que están al lado de él, pero bueno, espero correr con la suerte de que Braulio esté durmiendo y no esté con uno de sus hombres ahora mismo.

"Necesito que estén aquí lo más pronto posible, es una emergencia."

Suspiro, pidiéndole al cielo que esto funcione. La casa de Braulio Mejía está como a media hora de aquí, así que creo que eso dará tiempo. O eso espero. Le doy a enviar el mensaje. Todos los hombres que estaban rodeando la casa sacan el pequeño teléfono de sus bolsillos. Sonrío, funciona. Ellos se miran unos segundos para luego salir todos a unos autos que se encontraban alrededor de la casa.

Arrancan los motores, dejando la casa totalmente sola. Doy unos minutos para que se alejen lo más rápido posible. Salgo del auto y comienzo a caminar hacia la casa sigilosamente, mirando a todos lados, para no llevarme una sorpresa innecesaria. Llego a la puerta de la casa. Observo que se abre con código, saco el chip especial y lo introduzco en la máquina. Un segundo después prende una luz verde, indicando que acaba de abrir la puerta. Entro a la casa, comienzo a caminar despacio, mirando a todos lados, percatándome de que no hay ninguna persona.

Para mi buena suerte no había ninguna persona, pero para mi mala suerte, sí un perro, uno muy grande, un rottweiler color negro azabache que me mira fijamente. Yo también lo miro, pensando en qué haré. No soy capaz de dispararle a un perro. Ahora mismo quisiera ser uno de los hombres de Milo o el mismo Milo.

INDELEBLE #PGP2026Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora