Lexa Herman...
Detengo mi auto frente al parque de diversiones y echo una mirada por el retrovisor, percatándome de que los guardaespaldas vienen detrás de mí; sin embargo, no me preocupa. Mentí al decir que venía a ver a mi hermano, y por suerte, ellos no lo conocen. Observo el parque de juegos, repleto de criaturas menores de diez años. Me gusta venir aquí; eso me da un poco de paz al ver a los niños divertirse, corretear y jugar. Eso me hace creer que todavía hay personas sin maldad en el mundo.
La puerta del copiloto se abre, y automáticamente el olor a perfume masculino inunda mis fosas nasales. No es que sea mi perfume favorito, pero no puedo negar que me gusta; es fuerte y algo amargo, pero aun así, sigue siendo atractivo. Siempre he pensado que el perfume masculino tiene una sustancia que atrae a las mujeres. Sus ojos azules se fijan en mí mientras mueve su cabello negro corto. Sonríe levemente, recordando que años atrás él era mi crush en la secundaria, o mejor dicho, en la academia.
— Roman — le sonrío.
— Lexa — pronuncia él de la misma manera.
No importa la incomodidad del auto; me lanzo y le doy un gran abrazo. Lo extrañé después de cuatro años sin verlo, aunque mantuvimos la comunicación, no es lo mismo.
— Y ¿a qué se debe tu urgente llamada? — pregunta mientras se arregla su cabello.
Mientras más pasa el tiempo, más guapo se ve.
— Pues dos cosas — admito — quería verte y también tengo un enorme favor que pedirte.
Me mira un segundo con sus profundos ojos color océanos. Sé que está tratando de descifrar qué es lo que quiero decirle; él solía hacer eso en la academia.
— Pues ya me viste, así que saltemos a esa parte — siempre tan mordaz.
Ahora que veo a Roman, recuerdo lo odioso que era. Ahora noto algo; siempre he dicho que me gustaban los príncipes azules, sin embargo, siempre me atrajeron los chicos fríos y odiosos.
— Sigues siendo el mejor hacker del mundo.
— ¿Lo dudas? — responde con cierta arrogancia y diversión.
Y arrogantes también.
La academia tiene una duración de cuatro años, donde se divide en dos de policía general y dos más en la especialización en la que te acepten. Te hacen pruebas de aptitud y para ver en qué parte calificas.
Yo me califiqué para entrar en la policía nacional, es decir, me especialicé en combate cuerpo a cuerpo para el apresamiento de criminales; también me especialicé en ser francotiradora. Ya aprendí varios idiomas desde pequeña. En cambio, Roman se especializó en computación e informática y, a diferencia de mí, pasó todo el tiempo en lo mismo, no hizo nada más que especializarse en su área. Ahora es uno de los mejores hackers del país.
— Necesito que hackees un teléfono.
— ¿Dé?
— Un criminal que estoy intentando atrapar.
No le he dicho que ya no trabajo para el FBI. Es lo mejor y sé que eso hará que termine el trabajo más rápido si piensa que es para la policía. Además, es ilegal lo que estoy haciendo.
— ¿Tienes su número de serie? — niego. — ¿El código? — también niego. — ¿Aunque sea el tipo de teléfono? — vuelvo a negar. — Lexa, soy un hacker, no un mago.
— Lo sé — bromeo —, pero necesito que lo hagas. ¿Te sirve el número de teléfono?
— Pues puede ser que sí. Si llamas y logras que el teléfono dure treinta segundos, hackeo la ubicación del teléfono.
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INDELEBLE #PGP2026
RomanceLexa Herman soñó toda su vida con llegar al FBI. Lo que nunca imaginó fue que su mayor desafío no serían las mafias ni los criminales más peligrosos del país. Sería él. Alexander Wemebeley, su nuevo jefe, es frío, arrogante y parece decidido a hacer...
