Mictlan

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Ya habían pasado 17 horas desde que entró al campamento rebelde solo con su ropa puesta, recibió su comida poco apetecible pero aún así la comió, no era muy distinta a los del comedor de la base, pero si era menos higiénica y no supo con solo ver el plato lleno de comida pegada, no podía salir del cuarto, no sin que alguien le siga, da gracias haber guardado la radio qué robo arriba de la lámpara colgada.

Su puerta fue abierta, ella estaba sentada en la silla observando a la persona que entro, era una cara conocida, un hombre de edad media, cabello castaño claro, ojos marrón y una cicatriz en su labios, quiso sonreírle pero no podía, solo espero que cerrará la puerta.

—Me informaron que llegaste a tiempo, ¿te enseñaron los mapas? — asintió, pero él tampoco aguanto mucho antes de ir hacia ella y cargarle en un abrazo — Nisa...

—Crei no volver a verte jamás. — profundizó su abrazo con felicidad mirando los ojos de su hermano luego de separarse.

—Pudieron matarte allá, pero estoy feliz, estuvimos esperándote. — comento — Se que aun no es momento de volver a casa. — ella no comprendió y él le explico — Vamos a dejar Mictlan, todos.

—¿Por qué? — preguntó asustada, era todo lo que conocía, es su hogar.

—Luego de dejarte sola en esa misión nos quedo claro que ya no existe lealtad ahí. — su rigurosa crianza basada en la lealtad, en el amor por su patria y la justicia estaba tan aferrado a sus almas como la muerte. — Nos iremos todos, pero aún no podemos, estamos buscando los responsables, y desviando recursos, nadie lo ha notado. Pusimos en la mira a esos mercenarios, queríamos que vinieran y lo logramos, actualmente estamos terminando Misiones de forma radical para poder estar la mayoría aquí.

—Esto lo están haciendo por mi... — su vida fue al suelo sucio tratando de tragar las palabras de su hermano.

—Brasil fue la mejor zona, aparte aquí el gobierno traicionó a los suyos... Debemos eliminar a los que traicionan a su país.

Su hermano sonaba como un loco erradicardor, pero eso no era escandoso para ella por que esa fue su crianza.

—Los voy a esperar, la base esta en Canadá, no se en que parte... — habló rápido tratando de informar a su hermano para que no le olviden, Quetzal, su nombre real le tomó de sus brazos para calmar su ansiedad, sonrió formando una línea en sus labios.

—Sabemos donde estas, también sabemos lo que paso con esos cadetes.

Los ojos de nisa se llenaron de lágrimas, aquello era algo que no quería que supieran sus hermanos, quería que permaneciera como una mala pesadilla, un mal recuerdo. No lloro todo ese tiempo y ahora sentía su corazón latir con fuerza, sus manos temblaron, pero ahí estaba su hermano, dándole confort con un abrazo lleno de cariño.

—No pude hacer nada.... — recordó el momento y una oleada de odio surgió — Los enterré vivos.

—Me parece bien. — Quetzal se enderezó — Cobalto llegará ya pronto, las otras bases estarán llenas de ellos, coloque C4 en todas.

—¿Y los rehenes?

—Son un peso muerto, debemos acavar con todo ahora que estas aquí. — la mirada de nisa se hizo poco distante al recordar la cara de todos esos niños de la última vez que estuvo ahí.

Confía mucho en sus palabras, por ello no cuestionó nada, solo le volvió abrazar. Todo tiene un precio, y usar a barsil para lanzar una advertencia era lo mejor. Terminaban con los rebeldes de la zona de forma radical y también hacían qué fueran un foco de forma internacional, el gobierno podría tomar cartas sobre el asunto después de eso.

MorteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora