Nunca sabremos que va a pasar, pero siempre terminaremos en el lado correcto si lo intentamos
Los personajes no me pertenecen, créditos a su debido autor. Lo mismo con los gifs, las imágenes y canciones
A veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos...
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El calor de las llamas asolaba las paredes del gimnasio Beta; olas de concreto luchaban contra ellas.
—¡Vamos, Izuku! —exclamó, colocando sus manos en el suelo.
Del suelo emergieron diez gruesas paredes que los separaban.
—Sí, Cementoss-sensei.
El peliverde retrajo su puño y condensó la mayor cantidad de fuego que pudo.
El calor era tanto que las vigas del techo se estaban ablandando.
—¡GRAAAAH!
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Una potente llamarada destruyó todos los muros delante de Izuku, llegando hasta la pared del gimnasio, haciendo desaparecer esta última.
La sorpresa de Cementoss fue grande. Viendo el rastro de destrucción que había dejado, luego, al guiar su mirada a Izuku, pudo notar cómo su propia habilidad había quemado su puño y parte de su cuerpo.
—¡Izuku! —Se acercó apresurado hacia su pupilo.
El peliverde emanaba vapor de todo su cuerpo. La mitad derecha de su uniforme deportivo estaba incinerada por completo.
Era increíble que siguiera de pie y con una mirada desafiante tan intensa, aunque llena de dolor y con lágrimas a punto de salir.
El hombre de cemento llegó donde él justo cuando se desplomaba, tomándolo en brazos, quemándose en el proceso.
—¿Pero qué...? —Miró sus manos, que lo sostenían, se empezaban a resquebrajar.
Estaban ardiendo. Dolía, pero no soltaría a su pupilo. Era su responsabilidad aguantar ese calor como su maestro.
Colocándolo en su espalda, comenzó a caminar hacia la salida. Aun si se lastimaba, llevaría a su alumno hasta la enfermería.
—Gracias, sensei —murmuró por lo bajo, haciendo sonreír a su maestro.
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Los días pasaban, el entrenamiento continuaba, y cada vez la relación alumno-maestro crecía. Izuku ya no lo veía como un simple profesor; era como su amigo o su referente.
Con Mirio y Melissa era lo mismo: su amistad iba en aumento. Mirio se volvió su mejor amigo, y Melissa era como... ¿su hermana? Sí, para él era como su hermana un poco mayor que él, o eso creía.
Últimamente se sentía raro. Tenía ganas de pasar más tiempo de lo normal junto a ella o de hacer cualquier cosa... pero con ella.
Pensaba, mientras caminaba por los pasillos de la academia, cuando cierto recuerdo volvió a él al girar una esquina. Más precisamente, la esquina de donde había salido Azula. Un escalofrío recorrió su cuerpo; aún le dolía el pecho cada vez que respiraba. Era realmente molesto.