La voz del legado

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La carga puede ser tan pesada 

Como su legado tan basto 

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Nos vemos... Midoriya Izuku

 Ahí estaba, el causante de todo, estrujando su corazón y absorbiendo todo de él, incluso su piel... 

* Debo detenerlo... Esto definitivamente no es bueno*, pensó mientras tomaba el brazo de ese ente oscuro con ambas manos. 

*Lucha, Izuku.* 

Voces atravesaban su cabeza. 

 Repetidamente... le pedían que no se dejara vencer. 

 — Yo también los oigo. 

 — ¿Eh? confundido el joven peliverde

 — Pero de mi lado están a favor... ¡Y son más fuertes! —apretando con más fuerza el corazón de Izuku. 

Un grito apagado surgió de Izuku. 

Ya no tenía nada... aliento, fuerza... incluso su voluntad se deshacía como papel en llamas.

Sus dedos no respondían. El frío le calaba hasta los huesos.

Sus pulmones ardían como si el aire hubiera sido reemplazado por humo negro.

* Quizás... quizás esto esta bien*

Un murmullo suave lo arrullaba, como si alguien acariciara su nuca y le dijera que ya no hacía falta resistir.

¿No es mejor así... Izuku? susurró la entidad—. ¿No estás cansado de todo esto? 

El corazón le dolía. No por el agarre, sino por la verdad cruel que esa voz le escupía.

*Tal vez sí estoy cansado...*

Sus ojos comenzaron a cerrarse. Una lágrima resbaló por su mejilla... pero se desvaneció antes de tocar el suelo, absorbida por esa oscuridad voraz

Las últimas partículas de luz a su alrededor se curvaron y rompieron, como estrellas que colapsan...

Hasta que una... resistió.

 Un destello morado surcó el espacio oscuro... 

 Arremolinando oscuridad y luz a su paso, sin disipar ninguna, sino manteniendo un equilibrio entre ambas. 

 El aire crujió a su alrededor, y por un instante... todo se detuvo. 

 — ¡Shiden no Yari! un potente grito sentenció tal momento. 

 Aquel destello morado, transformado en una lanza, impactó contra la sombra, absorbiéndola y llevándosela lejos de aquel espacio, no sin antes escuchar... 

 — ¡Kaelis! aquel ente lleno de odio farfulló antes de ser arrastrado. 

Un grito a la lejanía se oyó, como si miles de voces lo hicieran al unisonó

 Izuku simplemente cayó al suelo, algo desorientado.El aliento y su piel volvían a su lugar. 

 — ¿Qué acaba de ocurrir? viendo sus manos, notando que volvía a tener su fuerza. 

 Una mano envuelta de luz se colocó enfrente de él. 

 — El suelo es cómodo, ¿no?entre risas, aquella voz salvadora

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