Descargo de responsabilidad: Halo pertenece a 343 industries.
Sistema Solar, Tierra, Australia, 14 de marzo del 2492:
Pasaron casi dos años.
Los astilleros ya rugían a pleno rendimiento y las minas daban más de lo que habíamos soñado: un 25 % de sobreproducción que había abaratado aún más la construcción naval. Mi imperio crecía mientras el UNSC seguía mirando a los focos de insurrectos como simples mosquitos molestos. Para ellos no eran una amenaza real. Para mí... esa tormenta aún estaba en el horizonte.
En este momento, mi única preocupación era clavar el primer clavo en la puerta del UEG y el UNSC antes de que cualquier otro magnate oliera la sangre y decidiera hacer exactamente lo mismo que yo.
Por suerte, llegué primero. Al menos entre las grandes corporaciones. Tal vez alguna empresa pequeña ya lo había intentado, pero yo no había oído nada al respecto.
El plan era sencillo y brutalmente efectivo: convertir a SinoViet Heavy Machinery en el socio oficial del UEG y del UNSC. Ellos obtendrían materias primas más baratas, naves más rápidas, armas más letales y, sobre todo, publicidad gratuita en un momento en que la gente necesitaba creer en algo. Yo obtendría contratos preferenciales, reducción de impuestos y derechos mineros exclusivos en los nuevos sistemas. Un trato en el que todos ganábamos... y yo ganaba bastante más.
No lo hacía solo por bondad. Una parte de mí sí quería ayudar, claro. Pero la otra parte —la que recordaba lo que venía— sabía que un UEG y un UNSC más fuertes significaban una humanidad con más posibilidades de sobrevivir al infierno que se acercaba.
Estudié cada estatuto, cada cláusula, cada laguna legal. Descubrimiento de planetas, colonización, defensa estelar, investigación tecnológica y, mi favorito personal: la distribución de derechos mineros en sistemas aún por reclamar. Dos objetivos principales: rebaja fiscal y trato preferencial en la compra de viejas estaciones orbitales que convertiría en astilleros privados.
Suspiré y me recosté en el asiento del Pelican D77. Aún faltaban minutos para llegar a Sydney, sede del Unified Earth Government. Gracias a los amortiguadores de inercia de última generación —y al talento de mi piloto— el vuelo era tan suave que casi parecía estar en una limusina terrestre.
Janet era una maravilla. Podía pilotar cualquier cosa que tuviera alas o motores, y en un par de días te llevaba del punto A al punto B sin que te dieras cuenta. Además preparaba un café que resucitaba a los muertos. Pero lo más importante: su lealtad era inquebrantable. Solo tres personas la tenían: su hija, su marido y yo. En ese orden. Saber que yo estaba en esa lista me tranquilizaba más que cualquier blindaje.
—Veinte minutos para el aterrizaje, señor Cristóbal —su voz llegó clara por el intercom—. Tengo autorización para plataforma privada. Parece que quieren impresionarlo.
Me reí entre dientes.
—Eso parece. Gracias, Janet.
Veinte minutos hasta el trato más importante de mi vida. Probablemente no sería la única oportunidad de entrar en el juego, pero sí la que tenía más posibilidades de convertirse en una alianza duradera.
Todo lo que había hecho en los últimos dos años —el 86 % del control minero extraterrestre, la mejora del convertidor de materia a una ratio 1.5:1, las nuevas aleaciones de Titanio-A3 y Tritanio, los deflectores de impacto para naves mineras capaces de desviar rocas del tamaño de un tren de carga a 15.000 metros por segundo— había sido para este momento.
La división de naves estelares también había crecido. Compré dos compañías menores al borde de la quiebra, integré sus astilleros y en solo dos años SinoViet Heavy Machinery se había convertido en la segunda constructora naval más grande de la humanidad. La UNSC y la CMA solo tenían 230 naves, todas construidas por TanSec AB a precios que hacían llorar a los contadores. Yo estaba a punto de ofrecerles algo mucho mejor... y mucho más barato.
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Hola OC
FanfictionAlguien reencarna en el universo de Halo antes de la Guerra Humano-Covenant, con la tarea de cambiar el resultado.
