Cap 6

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Descargo de Responsabilidad, Halo pertenece a 343 industries.

30 de enero del 2497 Londres, Inglaterra Campo Aéreo de Entrenamiento de SinoViet

—Entonces me estás diciendo que, si logro despegar, hacer un vuelo corto de veinte minutos y aterrizar sin matarnos, ya estaré calificado para volar mi propio Pelican los próximos días. ¿No me estás engañando, verdad, Janet?

—No para nada, Cristóbal —respondió ella con una sonrisa tranquila desde el asiento del copiloto—. Pero solo me sentiré tranquila si lo haces sin ningún percance. Adelante. Aquí estoy para ayudarte en todo momento.

Me acomodé en el asiento del piloto, respiré hondo y comencé los procedimientos de encendido. Tardé casi treinta segundos en completar la secuencia que Janet hacía en diez. Aun así, los motores rugieron y el Pelican se elevó con suavidad del asfalto.

Durante los primeros minutos todo fue bien. Demasiado bien.

—Bien... mantén la altitud estable —me indicó Janet—. Ahora acelera poco a poco.

Obedecí. O intenté obedecer. En cuanto empujé la palanca de aceleración un poco más de la cuenta, la nariz del Pelican se levantó de golpe hasta casi ochenta grados. El mundo se inclinó violentamente. El suelo se acercó a toda velocidad.

—¡Cristóbal, corrige! ¡Corrige! —gritó Janet.

Demasiado tarde.

El impacto fue brutal. El Pelican golpeó el suelo con el morro primero, rebotó y se deslizó de lado unos veinte metros entre chispas y el chirrido metálico del blindaje rasgado. Las correas de seguridad me clavaron en el pecho y sentí cómo varios moretones se formaban al instante. El pánico me subió por la garganta... pero no duró mucho.

Janet ya había tomado los controles. Con una mano experta corrigió el balanceo, estabilizó la nave y la posó suavemente de nuevo sobre la pista.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

—Bueno... —dijo ella, quitándose el casco con calma—. Puedo decir con total seguridad que no estás hecho para esto. Lo mejor será que contacte a uno de mis pocos amigos de la Academia Naval y le pida que sea tu piloto personal durante los próximos veinte días. ¿Estás de acuerdo?

—Está bien —respondí, frotándome el pecho dolorido—. Tienes razón. Es solo por veinte días. Ahora dime... ¿cuándo te vas de vacaciones?

—De preferencia el 13 de febrero, para poder pasar el 14 con mi esposo. ¿Te parece bien?

—Perfecto. Yo me encargo de firmar los papeles en cuanto lleguemos.

Janet sonrió con alivio.

—Entonces vamos a la fábrica de aeronaves. Necesitamos que reparen lo que acabas de destrozar lo antes posible.

—De acuerdo.

El Pelican —ahora pilotado por la única persona en quien confiaba de verdad— despegó suavemente. Me recosté en el asiento del copiloto y me limité a disfrutar del vuelo hacia las instalaciones de aeronaves en las afueras de Londres.

A veces era mejor reconocer las propias limitaciones... y pagar a alguien que sí supiera lo que hacía.

14 de febrero del 2497 Municipio de Westminster, Londres Debajo del mítico Big Ben

Llevaba poco más de diez minutos esperando cuando la vi aparecer entre la niebla matutina. Helken caminaba hacia mí con ese paso seguro y elegante que siempre me desarmaba: abrigo largo color vino, bufanda suave y una sonrisa que iluminaba incluso el gris de Londres en febrero. En cuanto me vio, su rostro se iluminó aún más.

Hola OCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora