El hombre alto con una capucha negra que cubría gran parte de su rostro caminó en silencio, como si pudiera deslizarse en el aire, si no fuera por el agua que caía de sus prendas húmedas después de cabalgar en medio de la tormenta torrencial para llegar a ese feo lugar. La joven de cabellos azules oscuros como una preciosa noche estrellada, con una piel demasiado delgada, cubierta por un viejo vestido de algodón desgastado por el paso del tiempo, y además de la apariencia sucia de esa tela blanca, se podía apreciar lo antihumano que era esa apariencia tan desagradable.
La mujer observó con ojos engorrosos a la figura alta en el lugar, pero no le importaba en absoluto, en cambio pensó que solo era una nueva alucinación que invadió su mente, ya que no sería lógico que alguien se dignara a venir a este lugar en medio de ese diluvio y mucho menos a visitarla en estas condiciones.
—Ah, Agatha... —La voz neutral de ese hombre se escuchó en sus oídos en conjunto con el sonido de un relámpago. Sin embargo, al apreciar a la mujer apretó los puños con amargura, mientras que una de sus manos se movió sin querer—. ¡Ah, qué es lo que te ha hecho?!.
Era un rostro demasiado familiar, sin embargo parecía que era una persona desconocida ante sus ojos de zafiro brillante. La mujer no solo tenía una hermosa apariencia en sus recuerdos, sino que era demasiado transparente y emocionante ver su exquisito aspecto noble y respetable, al igual que poder ver la hermosa sonrisa en su rostro de ángel, como esos ojos dorados que se asemejaban al oro puro de las minas o al sol en primera hora. Asimismo, el contraste era demasiado impactante para soportarlo.
Una mujer con una apariencia repugnante y lastimosa, la piel desnuda que sobresalía estaba llena de cicatrices similares a golpes de látigos y cadenas, aunque eran viejas, el hombre no podía evitar sentirse miserable al pensar cuánto dolor le causó en ese tiempo. No solo la mujer, el ambiente era terrible, no había ventanas donde entrara el aire fresco, mucho menos una cama o mantas limpias donde la mujer pudiera descansar, solo un juego de sábanas sobre un montón de paja era el lugar donde apoyaba su esquelético cuerpo.
—Lo siento, mi princesa... Si lo hubiera sabido, nunca dejaría que esto te... —El hombre se quitó la capa, dejando al descubierto un rostro demasiado pálido, tomó la mano de la mujer, y cayó una lágrima húmeda sobre aquella mano fría—. Besó la mano que anhelaba después de tanto tiempo, sin embargo, por más que lo intentara, la persona no respondía—. Te llevaré a nuestro lugar... Mi vida, mi princesa, te amo. Te lo daré todo, nos iremos del reino y viviremos en un lugar donde podrás montar a caballo, cuidar y sembrar las flores que te apetezcan... Te juro que jamás te abandonaré, mi amor.
La mujer no podía entender con claridad las palabras que se entrecruzaban entre sí, provenientes de la persona que sostenía su mano con firmeza. La poca lucidez mental que poseía aún le permitía sentir el temblor en esa mano caliente que la sostenía.
De repente, nuevamente la puerta se abrió de repente y los pasos firmes de las botas de montadura plateada se escucharon claramente.
—¡Suelta! ¡Cómo te atreves?! —El hombre no se percató en absoluto de la persona debido a que su pensamiento y su cuerpo se encontraron sumergidos en la mujer sobre la sábana sucia. Sin embargo, la ira de la otra parte lo tomó con desprecio y lo empujó a un lado—. ¡Te lo advierto! ¡No toques lo que no te pertenece!
