Ágata... Me dolía mucho el cuerpo, sentir como mi cabeza explotaba a causa de las cefaleas, el frío no cesaba al igual que la opresión de mi pecho. Nuevamente la tos me hizo derramar sangre oscura. Al abrir mis ojos, la imagen de las personas que me enviaron a este infierno estaba tan viva que no podía ser solo un producto de mi mente distorsionada. El príncipe heredero "Emir de Basilios" y el capitán de las alas del imperio, Lord "Ulises de París"... Una persona que no había visto en más de seis años desde que me condenaron a vivir como una esclava en este frío y cruel palacio imperial.
El dolor fue demasiado fuerte a tal punto que su quejido interrumpió de manera abrupta la acalorada discusión de esos dos hombres que corrieron a su lado en un instante.
—¡Agua! —El príncipe heredero buscó en el lugar, sin embargo no había nada para que la mujer calmara su sed, así que tan solo podría salir afuera a conseguir algo de agua del exterior. Dejó a las personas en el lugar solas en medio de la desesperación.
Mientras tanto, Lord Ulises tomó con temor la mano de la persona y habló con nerviosismo, las cuencas cristalinas se desbordaban en la línea de su párpado inferior.
—No, no... Su cuerpo está débil... —Yo no estoy... Ah, tos, tos... ¿Por qué es? —Mi señorita... lo siento, lo siento tanto que deseo morir en su lugar. Ningún día y noche logré vivir con calma sin ti a mi lado... Yo, finalmente lo he comprendido... Te amo.
La mujer observó con inquietud y tristeza a ese hombre con cabellos plateados llorando a su lado, asimismo ocultó su rostro hermoso y húmedo sobre el delgado pecho de la mujer. Los latidos de esta persona le confirmaron que no era una fantasía lo que estaba sucediendo en este momento.
—Ja, lord, es peligroso... Por favor, aléjate... Es contagioso. —No, no me importa... Si puedo hacerlo, lo haré. Mi princesa, te amo mucho más...
—Ah, ¿entonces por qué?! Si me amas, ¿por qué me dejaste en este infierno? Cada noche te esperé, y lloré porque nunca regresaste a mí... Ya no te puedo esperar, ni puedo darte el privilegio de amarme en esta vida. En verdad, las palabras que quería oír en el pasado no valen nada en estas circunstancias, e incluso odiar no es necesario cuando llega la muerte tan temprano.
La mujer observó con esos ojos dorados de dragón a la persona y sonrió con sus labios agrietados por la deshidratación, además de su apariencia naturalmente afectada por la enfermedad.
"Te veré en el infierno... Pero deseo que nunca nos volvamos a reunir en esta vida". —¡No! ¡Agatha...! ¡No te vayas! —En ese instante, desafortunadamente, la mujer dejó de mirarlo y de respirar lentamente.
La locura se apoderó de la cordura de Lord Ulises, quien tomó a la persona entre sus brazos robustos. Sintió que esta mujer era tan delgada como un pequeño pájaro, pero no importaba en estas condiciones. Su prioridad era llevarla al templo ante un sanador que pudiera salvarla de las puertas del Edén.
Lord Ulises la cargó en su caballo, sosteniendo con fuerza su cuerpo, montó el corcel en medio de esa tempestad. Desafortunadamente, el camino resbaladizo hizo que el animal se patinara en las instalaciones del bosque de caza. Ambas personas cayeron sobre el lodo y las hojas mojadas.
Aunque el joven sostuvo con fuerza y protegió a la persona del impacto de tal caída, fue inútil... Agatha nunca volvió a responder. En realidad, la mujer había muerto antes de que ocurriera el incidente. Debido al estado neurótico de Lord Ulises, no podría ser capaz de aceptar que la mujer que amaba había muerto entre sus brazos sin ser capaz de evitarlo.
Durante horas permaneció en el interior del bosque de caza, sosteniendo con cuidado a la persona, mientras murmuraba todos los sueños y pensamientos que quería compartir juntos...
