Como si fuera un truco de magia o una fuerza indescriptible, o simplemente esa sensación de pánico y terror que genera el miedo indescriptible en el quebradizo corazón y la poca sangre de Agatha, que al escuchar la voz enfurecida del hombre, su cuerpo y mente recuperaron la lucidez mental.
-¡Lo advierto! ¡Te prohíbo llevarla de mi territorio! -Ese hombre con la voz demoníaca y paso feroz que no parecía humano no era más que su gran majestad, el príncipe heredero de la corona. Sin embargo, para esta mujer no era más que su amo a quien le debería obediencia absoluta. Durante esos años, la mujer se acostumbró a ser tratada como un animal.
Pero la otra parte se sintió sofocada a causa de ese comportamiento arrogante y codicioso. En realidad, no le importaba que este fuera su lord a quien le servía. Sin recapacitar, su puño se estrelló contra el mentón del hombre.
-¡Ahhh, maldición! ¿Crees que no te mataría?! -Mi rey... ha entregado las pruebas e incluso pagué con sangre y cristales preciosos a la corona por mi señorita.
-¡Jajaja... y qué si lo fuese?! ¿Acaso no lo sabe perfectamente todo el reino? -¿Qué diablos? La postura arrogante y esa voz estridente al ordenar dejaban traslucir un aire de desprecio y sátira hacia las otras partes en esta habitación.
-Agatha... es propiedad del rey. ¿Te atreves a robarle a tu señor? -El hombre apretó y murmuró entre dientes con rabia al ver la arrogancia de esa persona frente a sus ojos.
-¡Ja! Entiendo que mi rey es un hombre demasiado fuerte y encantador... a tal punto de dejar en tales condiciones a sus súbditos (irónico). Tú eres el sol del imperio, sin embargo, su carácter va más allá de los límites humanos.
-¡Tú!!! -Mi lord... ¿Esta es tu gloria? -La mano rígida señaló a la mujer agonizante en el establo. El príncipe esta vez giró su cuerpo hacia la otra parte, no lo podría decir con palabras y mucho menos contraatacar las palabras venenosas de esa persona.
-¡Mi... qué diablos?! Pero ¿ella llegó a un punto límite sin retorno?... En verdad quiso tomar represalias contra la persona que ordenó tal acto criminal e inhumano.
-Mi lord... El rey de estas tierras y su padre otorgó el edicto imperial. -Ella es la madre de mi hija... Si odiara a esa mujer, no borraría el hecho de que me pertenece por completo.
-¡Ja, maldición! ¿Por qué no es capaz de ver la verdad?! ¡Mi lord Cristhin! ¡Ella nunca ha cometido un acto criminal alguno! -Ella es una mujer con un corazón desagradable por sus sentimientos románticos y celos hacia un bastardo como tú, que me quitó a mi hermanita.
En el momento en que escuchó la orden del rey de exiliar a esta persona a un nuevo territorio y ser entregada a otro hombre, el corazón del príncipe heredero se sintió sofocado y inquieto.
Durante años, la mujer fue puesta en sus manos sin ningún obstáculo alguno, incluso había llevado en su vientre varias de sus semillas. Solo su primer hijo sobrevivió dentro de sus entrañas por fortuna. Pero el transcurso del tiempo puede hacer que las cosas se distorsionen, y más aún si los cuerpos de un hombre y una mujer se mezclan muy a menudo sin consideración alguna.
El príncipe, al percibir la anormalidad de esas emociones, decidió tomar represalias antes de que esto lo hiciera perder los estribos por completo. Los castigos carnales pasaron a ser físicos y, en la mayoría de los casos, psicológicos.
Al venir hacia esta parte del palacio, no pudo evitar sentirse ansioso y recordar cómo cada día de tormenta torrencial obligaba a esa persona a caminar bajo la lluvia sin ningún abrigo a su disposición, a cambio de no ser brutalmente golpeada por la jefa de servicio. Su cuerpo recostado la piel y los huesos a tal punto de notar cada parte de su esquelético cuerpo. En verdad quiso golpear a las personas que siguieron sus órdenes al pie de la letra.
No le importaba nada en ese tiempo. El odio florecía con una fuerza abismal. Ese sucio lugar fue lo único que le otorgó una rodaja de pan y un vaso de leche rancia que causó que la mujer sufriera terribles dolores estomacales.
No le importaba nada en ese tiempo. El odio florecía con una fuerza abismal. Ese sucio lugar fue lo único que le otorgó una rodaja de pan y un vaso de leche rancia que causó que la mujer sufriera terribles dolores estomacales. Pero por su orden, nunca recibió atención médica o la visita del sanador del monasterio.
Incluso el nacimiento de su primer hijo fue un verdadero milagro para todos que una pequeña niña naciera tan saludable. El príncipe, en primer lugar, repudió en su corazón a esa niña, pero con el paso del tiempo esa pequeña se fue pareciendo cada vez más a la difunta princesa.
Lastimosamente, los otros dos embarazos de Agatha nunca llegaron a término y esos niños murieron en el delgado vientre de la mujer, lo que como consecuencia le hizo perder gran parte de su vitalidad.
El príncipe, al mirar a la persona recostada, no logró evitar recordar las cosas terribles que le obligó a vivir a esa débil mujer... Pero ¿y si en verdad fuera una persona inocente?!
La duda se apoderó de su mente y comenzó a cuestionar todo lo que había hecho hasta ahora. ¿Había sido justo con ella? ¿Había sido cruel sin motivo alguno?
Mientras tanto, la mujer agonizante en el establo parecía no darse cuenta de la tormenta que se estaba desatando en el corazón del príncipe. Su mente estaba demasiado débil para procesar lo que estaba sucediendo, pero su instinto le decía que algo estaba cambiando.
De repente, el príncipe se acercó a ella y la tomó en sus brazos. La mujer no opuso resistencia, demasiado débil para hacerlo. El príncipe la miró a los ojos y por primera vez vio a la persona que realmente era Agatha, no la prisionera, no la sirvienta, sino la mujer que una vez conoció.
¿Qué pasaría ahora? ¿Podría el príncipe cambiar su destino? ¿Podría Agatha encontrar la paz que tanto anhelaba?
La historia continúa...
