Parte 7

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- ¿Vivís acá? - cuestionó Sara

-Sí, en el piso de arriba, por el momento estamos alquilando ahí, nos mudamos hace poco a la ciudad.

-Aaah entiendo, nosotros conocemos a los dueños de la pizzería, van a la misma iglesia que nosotros, y la hija del dueño es amiga nuestra.

No respondió nada Luz, solo se bajó del auto y al cerrar la puerta se despidió por la ventanilla.

-Muchas gracias por traerme

- Ah, casi me olvidó- dije antes de que se fuera – esto es para vos - le entregué la bolsa que me trajo Sara, también escribí una carta en el camino y la puse adentro – es un regalo de cumpleaños.

-gracias- subió por las escaleras que estaban al costado de la pizzería, para no mojarse subió corriendo.

-Es linda- rompió el silencio Sara - te gustó ¿cierto?

-No, nada que ver, estas muy equivocada.

-Te conozco como si fueras mi hermano, te vi sonreírle y no le diste importancia cuando se manchó tu remera, es tu favorita y haces drama cada vez que se te mancha con comida.

-Es muy linda, lo acepto, pero no cree en Dios.

-Gran problema, ¿verdad?

-Me veo en ella, a quien fui y de donde me sacó Dios, su dolor y su resentimiento. También se cómo se siente.

-Tenes que orar mucho por ella entonces. Pero le voy a decir a mamá que te enamoraste del yugo desigual.

-No le vayas a decir nada Sara Elisabeth Perez, las mellis no me van a dejar de molestar.

-Me pediste un ramo de flores y unos chocolates, eso no se regala a cualquiera.

-Ya deja de molestarme- me hice el ofendido, crucé mis brazos y me puse serio. Cosa que no duró mucho.

Todo el camino a casa nos fuimos hablando, riéndonos, ella me molestaba y también hablamos de nuestros días, tener una hermana mayor con quien poder conversar de lo que sea y sentirte escuchado y acompañado es algo muy lindo.

LUZ ARIAS

Respire hondo antes de volver a entrar a esa casa, sabía lo que me esperaba. Conocer a Marcos y a su hermana me hizo sentir bien de cierta manera, mi mente dejo de pensar por un momento y no sé, me sentía tranquila y en paz. Pero sabía que al cruzar por esta puerta que tengo al frente todo volvería a la normalidad.

Me mentalicé para lo peor, nunca había hecho esto de mentirle a mi mamá sobre mi ubicación y la verdad que nada, porque siempre tuve un sí de su parte, porque pensaba que podía servir para que pudiera despejar mi mente, de todos

modos, nunca salía, prefería quedarme en casa, inmersa en mi mundo, de tanto mudarnos tampoco es como si pudiera conseguir amigos con quien salir.

Di vueltas las llaves y respiré hondo antes de ingresar a la tormenta.

- ¿Dónde estabas? - una voz interrumpió cuando me dirigía hacia mi dormitorio.

La miré, estaba sentada en la mesa, frente a una mesa decorada con una torta de cumpleaños, un par de vasos y comida, detrás de ella había un cartel que decía "Feliz Cumpleaños". Por un momento me sentí la peor persona del mundo.

-Estaba con ...- no me dejó terminar

-No me mientas, no estabas con Josué, no estas con él hace un par de días, ¿Dónde andas? ¿por qué me decís que estas con él y ahora resulta que ya no hablan? ¿Por qué mentirme? Vos sabes que si no confiamos entre nosotras ¿quién lo va a hacer?

-Si te digo, te vas a enojar.

-¿Desde cuándo? Trate de ser tu amiga siempre, pero ahora te pregunto cómo tu madre, ¿Dónde estabas?

-Buscando trabajo, últimamente fui a muchos lugares, entregué muchos curriculums y estoy esperando que me llamen y ver si consigo un lugar donde trabajar- me sinceré.

-Pero amor, de eso me encargo yo, ¿necesitas algo? Solo tenés que pedírmelo y te lo daré, no es necesario que trabajes, para eso tengo varios trabajos.

-Ese es el problema mamá, tienes muchos trabajos y ni siquiera los fines de semanas descansas, y hay cosas que seguramente te gustaría tener, pero no las tenés porque hay muchos más gastos. Quiero poder tener mis propias cosas también, ahorrar y poder comprar una casa, dejar de huir y poder asentarnos en algún lugar. Ya me cansé mamá, quiero descansar y seguramente vos también – no pude contener más las lágrimas.

-Ay cariño- me abrazó, nos sentamos en el sofá, pude sentir que algo caía por mi hombro, supuse que ella también estaba llorando.

-Estoy muy agradecida mamá- dije como pude, con un nudo en la garganta- se que siempre hiciste lo mejor que pudiste y me diste todo lo que quería dentro de lo posible, pero me siento inútil, también quiero ayudar, por el momento solo lo haré los fines de semana, quizás si consigo algo de medio tiempo, trabajaré antes de ir a la escuela o después.

-No es necesario que lo hagas, puedes pedir todo lo que quieras, te lo daré.

- ¿Cuándo fue la última vez que te compraste algo para vos o que te cumpliste un capricho? Todavía no tengo ni una propuesta, así que no te preocupes, cuando consiga algo te avisaré-antes de que me lo niegue, deje un beso en s frente y me fui a mi dormitorio.

Me cambié como para ir a dormir y me acosté, aunque mi mente solo comenzó a cuestionarse mil y un cosas.

El amanecer comenzaba a asomarse por la ventana, como hoy no tenía apuro por hacer cosas, agarre mi computadora, un cuaderno en donde ando anotando últimamente mis ideas, me preparé un café bien helado y subí a la terraza.

Tenía muchos pensamientos en la cabeza, muchas veces charlar las cosas soluciona ciertos temas, pero a veces solo hace que sobre pienses.

También pensaba mucho en Josué, lo siento demasiado distante y no tenía esa vibra de los primeros días que lo conocí, era como si algo en él había cambiado. Aunque no llevaba mucho tiempo conociéndolo, al menos pude notar que algo en él cambió. Quizás fue mi culpa.

Antes de comenzar a sobre pensar en eso, comencé a escribir algunas cosas que llevaban dando vuelta en mi cabeza y una que otra idea de historias que ando escribiendo.

Hoy solo repartiré más curriculums, esperando que alguno me ofrezca un buen horario y un salario que valga la pena.

BrújulaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora