~Sin avisar~

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Eran las cuatro de la tarde, Emilio despedía a los pequeños que se iban con sus padres, le gustaba ver las caritas de alegría cuando sus tutores llegaban.

Cuando se fueron todos, el maestro suspiró, ahora le tocaba ordenar un poco el salón antes de irse. Ares estaba en el suelo pintando con unos crayones, balbuceaba algunas cosas, pero no se le entendía nada.

Su tranquilidad fue interrumpida por su celular, era un mensaje de Jesus, sonrió con un ligero sonrojo en las mejillas y lo abrió.

"¡Emi, cierra la puerta de tu salón y no dejes que nadie entre!"

Eso sinceramente no se lo esperó, escuchó unos pasos venir del pasillo y se asustó un poco pensado en quien sería, tenía que ser alguien malo para que Gilberto le mandará un mensaje de esa manera.

Dos personas se pararon en el umbral de la puerta, uno tenía el cabello negro y la otra negro casi castaño. Emilio sintió como su garganta se secó al pasar saliva.

- ¿Éste es el salón 3-C, en donde se encuentra Ares Orozco? - preguntó amablemente el señor del cabello negro, el pequeño Ares que estaba dibujando en el suelo, volteó su cabeza en dirección de la persona que dijo su nombre.

- ¿Baba? - el bebé vió a los adultos, les parecían familiares, pero no del todo, lo mejor era ponerse en un lugar seguro, se levantó y caminó hasta las piernas del omega para esconderse allí.

- Miralo, Viejo, es tan tierno y ya camina. - habló la mujer con cariño, Ares solo sacó un poco la cabeza de un lado mirándolos, y Emilio sonrió algo tenso.

- Disculpen, ¿Me podrían decir quiénes son? - el maestro preguntó, haciéndose ya una idea de quiénes eran, se agachó un poco para tomar a el pequeño en sus brazos,Ares solo se agarro de su delantal y miraba curioso.

- Ah, que maleducados somos, mi nombre es María Esther Chiquete y él es mi esposo, el Sr.Orozco - Emilio sintió como su cuerpo se entumecía, estaba al frente de los papás de su alfa, ahora no sabía ni cómo actuar, no quería dar una mala impresión.

- E-es un gusto conocerlos, soy Emilio Lara - ahora estaba completamente nervioso, incluso su voz había temblado un poco, miró a Ares, quien solo se chupaba su dedito pulgar.

- Asi que tu eres Emilio. - la mayor se acercó hasta quedar frente al simpático castaño, quien solo tragó saliva nuevamente. - Me alegra que el tonto que tengo como hijo haya encontrado a alguien tan carilindo como tu.

Emilio sintió como su sonrojo cubría su rostro hasta las orejas, sonrió de manera tensa mientras que la adulta le miraba relajada.

Unos pasos apresurados se oyeron venir desde el pasillo. Jesus apareció, respiraba un poco agitado y estaba algo sudado, miró a los mayores, pero sobre todo, miró mal a aparentemente su madre.

- Mamá, ¿Qué fue lo que te dije? - regañó mientras se acercaba a ellos, la otra solo bufó arrugando el entre cejo igual que su hijo.

- Tu a mí no me mandas, pendejo de mierda, ni siquiera vas a visitarnos o algo! Y cuando vengo ¿Qué es lo que me entero? Que tienes un omega y que te safaste hasta de una demanda. - Emilio solo los miraba discutir, no se insultaban seriamente, en parte, eran moderados y quizás era porque estaba el infante al frente de ellos.

Emilio miró la sonrisa nerviosa que tenía el hombre de cabellera negra, no era tanto nerviosa, más bien algo agotada, como si estuviera acostumbrado.

- ¿Siempre son así? - preguntó por lo bajo, mirándolo, éste solo le sonrió y asintió levemente.

- Ya eres parte la familia, bienvenido a mi mundo. - le contestó y Emilio solo pudo reírse por lo bajo, madre e hijo eran iguales, no había ninguna duda de eso.

¿Mamá?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora