Capítulo 2: El Burdel de Madame Budjil

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En los Dominios del Norte, Reino de Minterfeheld

Como un pequeño vendaval, Philathy Fall atravesó la puerta de sus aposentos tras terminar la hora del té con su madre. Alunier no se había dejado ver durante horas, pero Gal Sun le había informado que ya tenía planes para la noche. Después de la cena, saldría con Yásvian y Krei a algún lugar al que no debían llevar al menor de los Thelinthon.

Gal Sun tenía diez años, pero ya sabía que las Casas de los Placeres eran esos lugares a los que él no podía ir, pero a los que los jóvenes príncipes y nobles sí tenían acceso. Philathy tampoco era ingenua. Sabía desde hacía tiempo que Alunier no la encontraba atractiva. Los cinco años de diferencia entre ellos no ayudaban, y aunque él no podría zafarse de la boda, la princesa anhelaba más que una simple alianza de paz a través de su unión.

— ¡Princesa! –exclamó Greisy, sobresaltándose a causa del portazo– ¿Qué ocurre?

Philathy marcó rumbo hacia su cama, y destendió las mantas con enojo.

— ¡Ningún vestido será lo bastante impresionante, si yo no le gusto!

— ¿Se... refiere al príncipe Alunier?

La joven dio un cabeceo. Greisy puso en pausa sus quehaceres para escuchar las quejas de la princesa.

— ¡Compré diez vestidos, Greisy! ¡Diez! –acentuó antes de exhalar un suspiro– Este era el mejor de todos..., y Alunier solo apartó la mirada como si observarme fuera algo que estaba mal.

Philathy peinó sus cabellos color bronce con ambas manos. Su melena era tan larga que por momentos le incomodaba, y justo en dicho instante lo hacía. Sentía a la vez tanto calor como decepción.

— Y mañana... –añadió sin ánimos de finalizar su frase.

— ¿Mañana...? –sondeó Greisy. Aunque, bien podía adivinar la respuesta, incluso con nombre y apellido.

— Mañana llega Miara Vacranord.

La princesa de Antius era la mujer más hermosa de todos los dominios del Norte. Su belleza despertaba la envidia de muchas mujeres nobles. Su figura esbelta, su nariz perfectamente perfilada, sus ojos azules que contrastaban con la negrura de su cabello y su piel impecable hacían que hombres como Alunier se sintieran atraídos por ella. Sin embargo, por razones obvias, él no la cortejaba, aunque no dudaba en resaltar su belleza frente a su prometida.

En contraste, Philathy era de estatura pequeña, tanto que Gal Sun, en apenas dos años, le sacaría gran ventaja. Sus ojos marrones, comunes en comparación, y su piel, salpicada de pecas en las mejillas, los brazos y la espalda, la hacían sentir insegura. Años atrás, Alunier le había sugerido que encontrara una manera de disimular sus pecas, y desde entonces, Philathy optaba por vestidos de mangas largas para cubrirlas.

— Princesa, véalo por el lado bueno –aconsejó Greisy a tono animado–. A Miara Vacranord le gusta salir de palacio y quizá al salir en compañía de ella y su hermano el príncipe Krei, usted pueda obtener de ello paseos con el joven Alunier. Además, piense que esta visita en honor a los Juegos del Sol son las más largas que los reyes y reinas de Antius y Comblot nos hacen. Habrá muchas oportunidades para que usted pueda obtener la atención del príncipe.

Philathy meditó que Greisy tenía razón.

La celebración de los Juegos del Sol duraba dieciséis días. En ellos, Miara no se quedaría tranquila zurciendo con las reinas. Miara era fanática de salir a las calles para dejarse ver de mano de Krei, y a la vez ostentar los ropajes y joyas que resaltaban sus atributos. De modo que Alunier y ella serían los encargados de servirle de carabina a la pareja.

Imperio ThelinthonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora