En los Dominios del Norte, Reino de Minterfeheld
Durante todo el año, el Coliseo Ovlión era sinónimo de soledad. Permanecía deshabitado la mayor parte del tiempo, o al menos hasta que algunos militares lo utilizaban para entrenar a nuevos reclutas. No obstante, cuando llegaban los Juegos del Sol, el imponente óvalo de madera se transformaba en un bullicioso escenario de fervor, donde se reunían hombres apasionados por el espectáculo, espadachines y aquellos ansiosos por presenciar una verdadera demostración de poder.
Un gran número de nobles de los nueve reinos del continente solían visitar Minterfeheld para presenciar las luchas que se libraban dentro del pabellón, un espacio compuesto por una base de madera cubierta de arena. Bajo tierra, en el subsuelo, se hallaban amplias cámaras separadas por túneles y mazmorras, donde se alojaba a los competidores antes de salir a pelear. En ese mismo lugar se encontraban Krei, Yásvian y Alunier, entremezclados con colonos y algunos militares de Oppalástea y Minterfeheld. También llamaban la atención ciertos piratas, cuyas mentes parecían desbordadas por la locura, así como jóvenes nobles de Minterfeheld y los Reinos del Este, los respectivos Copanella e Inwestel.
Aselta y Veravista, los Reinos del Sur, contaban con pocos competidores. Krei comprendió que todo se debía a la guerra en curso. Nadie de la alta sociedad del Sur había asistido, pues los Juegos del Sol no eran su prioridad; lo que realmente les importaba era la victoria, ya fuera para Aselta, con su ambición de colonizar Veravista, o para Veravista, luchando por mantener su autonomía.
Tampoco parecía haber nadie del Reino de Las Masinas. Los gitanos y gitanas amazonas solían mantenerse al margen de otros estatus sociales, aferrándose únicamente al suyo. De hecho, ni siquiera podían considerarse aliados o amigos de los gitanos de Oppalástea. Según Krei, los gitanos de Las Masinas eran personas con pasados terribles. Habían muerto familias enteras en los años de «La Purga», durante del reinado de Takin Torreazuel, rey de Veravista, quien, convencido de que los gitanos eran traidores a la corona, los había cazado día y noche. Esto en la época en que el Sur gobernaba los dominios del Oeste, cuando solo existían siete reinos en el continente.
Olener Thelinthon había brindado su apoyo a Takin con su ejército y sus armas. Por ende, cuando Krei pensaba que, de alguna forma, sus antecesores se habían manchado las manos con sangre gitana, no podía evitar sentir una profunda decepción. Los gitanos solo querían ser libres. Pero el Reino de Veravista siempre quiso gobernarlos, ya que los tenía como parte de sus propiedades y sus dominios. Asi que, una vez Las Masinas ganó su independencia y se posicionó como reino formidable, Takin comenzó a preparar a su hijo, Bardon II Torreazuel, para declarar la guerra a Oppalástea. Una guerra que duró diez largos años. Durante ese tiempo, miles de familias gitanas emigraron, se escondieron y muchos murieron.
Los Thelinthon permanecieron ajenos a este conflicto, ya que su principal prioridad era la expansión de la Triarquía y, con ella, consolidar los dominios del Norte frente a los del Este. Una vez lograron su objetivo, no estaban dispuestos a seguir involucrados en más discordias. Olener deseaba entregar a su hijo Thormac un reino próspero y en paz, algo que, de alguna manera, consiguió.
— ¡Hora de salir! –voceó un comandante– Príncipe Krei Sarvas y Príncipe Alunier, ya es tiempo de salir a la arena.
El resto de los concursantes aplaudió en señal de ovación, animando a los dos jóvenes encargados de inaugurar los juegos. A continuación, ambos príncipes se colocaron los cascos correspondientes y caminaron hacia la arena con pasos firmes, aunque lentos. La multitud reunida en los diferentes niveles del Coliseo los recibió con vítores ensordecedores. El retumbar de los tambores y el sonido áspero de las trompas se sumaron al bullicio, llenando el aire de una energía vibrante, cargada de altas expectativas.
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Imperio Thelinthon
DiversosEn un reino al borde del colapso, las sombras de una guerra inminente se ciernen sobre el norte. Para preservar la frágil paz, el reino de Minterfeheld se ve forzado a entregar a su princesa como un sacrificio. Mientras tanto, el príncipe heredero...
