En los Dominios del Norte, Reino de Minterfeheld
Avarat se había encargado de que la cena esa noche fuera un verdadero manjar en honor a las tres victorias consecutivas de Krei Sarvas en los juegos. Por ende, cuando los reyes y reinas del Norte arribaron al Gran Salón, admiraron con satisfacción cada bocado servido con excelencia sobre la mesa rectangular que aguardaba por ellos.
— ¡A su salud! –exclamó el rey Adron, señalando con su copa al rey Odrei.
Por causa de los juegos, el consejo no se había reunido con los reyes Adron y Enem, aunque, ellos, tanto como sus reinas, habían detectado que algo ocurría con el monarca Thelinthon. El hombre tosía en momentos inesperados, caminaba con mayor lentitud y, por momentos, su figura se encorvaba. Su apariencia reflejaba fragilidad, lucía desmejorado... enfermo. Empero, ningún familiar se había hecho eco de esa realidad. Más bien preferían mantenerse al margen. Después de todo, era responsabilidad del monarca poner al corriente de sus asuntos a sus aliados.
Tras el brindis del Rey de Antius, los anfitriones e invitados tomaron sus servilletas de lino y comenzaron a degustar dulces de miel, especias azucaradas y jengibre. También había manzanas, peras y verduras en la mesa. Krei disfrutaba las peras, Alunier prefería las manzanas, y Philathy se deleitaba con los dulces de miel. Miara y Yásvian, en cambio, no quedaron impresionados con la cena, ni siquiera con el pescado o el pan recién horneado. Tras probar algo de potaje, se alejaron de la mesa junto al resto de los jóvenes.
Los reyes permanecieron bebiendo y conversando, para entre otros temas, agendar una reunión del Consejo de la Triarquía. Era justo y necesario para el reino no posponer por mayor tiempo la voluntad de decisiones o acuerdos militares que se tuviesen que llegar a tomar. Puesto que la guerra en el Sur no dejaba tranquilo a Odrei. Antes los Thelinthon siempre habían tenido que elegir de una forma u otra su bando, así que esta vez no sería la excepción. Aselta y Veravista pronto se contactarían con el Norte cuando las bajas de sus ejércitos comenzaran a diezmarlos, entonces, pedirían apoyo. De manera que ellos (la Triarquía), debían tener claro a quién ayudarían, de qué manera, y en qué tiempo.
Las princesas y príncipes habían ido a cambiar sus vestiduras para salir esa noche a divertirse como había previsto Miara. Yásvian por su parte, se encontraba encargándose de que los carruajes estuvieran listos para la hora de partir, así como los caballos.
Poco después se dirigió a sus aposentos en busca de su espada. No podía salir sin ella. Aunque en ocasiones la olvidaba en lugares donde él no estaba, había desarrollado la costumbre de palparse para asegurarse de llevarla consigo.
Philathy Fall, por su parte, fue la primera en llegar al pabellón desde el cual partirían todos rumbo a los carruajes. Portaba un vestido color lavanda, de mangas largas bordadas milímetro a milímetros hasta la altura de sus hombros. Ella amaba los bordados; admiraba la capacidad de precisión que podía tener una persona para enhebrar una aguja y tejer a detalle gran parte de las prendas que ostentaban trabajos esquistos, ya fueran flores, animales, escudos, objetos, o simples formas como la de aquel vestido suyo. Siempre se había preguntado cuánto se tardaría una persona en promedio para acabar un tejido de aquellas magnitudes. De seguro eran días.
— ¿A dónde quiere ir Miara?
Se interesó Alunier mientras se unía a la princesa.
— Antes, mientras bebíamos té con nuestras madres, mencionó algo sobre el teatro. ¿Te parece bien?
— Sí, está bien –aceptó con desdén–. Todo lo que Miara quiera está bien.
Philathy bajó la mirada sin saber qué responder. Entendió que no quería replicar nada, sino más bien, hacerle entender a él que odiaba esa habitual forma de hacerla sentir poca cosa cuando se trataba de Miara.
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Imperio Thelinthon
RandomEn un reino al borde del colapso, las sombras de una guerra inminente se ciernen sobre el norte. Para preservar la frágil paz, el reino de Minterfeheld se ve forzado a entregar a su princesa como un sacrificio. Mientras tanto, el príncipe heredero...
