En los Dominios del Norte, Reino de Minterfeheld
Miara Vacranord tenía un secreto.
— ¡Yásvian! –gimió la princesa.
El joven noble besaba y chupaba con premura aquel cuello tan codiciado por los hombres del Norte, mientras el silencio y la oscuridad engullían sus figuras.
Los caballos (ajenos al desenfreno juvenil, o a las cortas exclamaciones de Miara), permanecían como cómplices mudos en sus corrales. Entretanto, en el interior del palacio la muchedumbre bailaba a tropel y los reyes bebían sintiéndose dichosos. Krei descansaba en sus aposentos. Pero Miara había tomado la oportunidad concedida por motivo de la ausencia del príncipe heredero para lanzar señas a su primo.
Yásvian, sabiendo leer las peticiones de la princesa de Antius, la había perseguido rumbo a los establos. Por ende, al segundo de encontrarse, ambos cayeron arrimados sobre los bultos de paja para disfrutar de la soledad que en tan pocas ocasiones gozaban.
— Oh Miara, Miara Vacranord –sonrío Yásvian al olfatear el aroma que se desprendía de sus cabellos en tanto sus manos recorrían zonas íntimas de la princesa.
Ella gimió sin pudor en un instante glorioso.
— ¿Sí...?
— Quiero disfrutar del placer de tenerte por completo...
Era una súplica; un ruego. Una necesidad retenida durante mucho tiempo. Yásvian y Miara sentían una atracción incontrolable que únicamente se mantenía a raya por causa de vivir lejos el uno del otro. Verse por estaciones, o durante cortos períodos de tiempo solo había servido para acrecentar los anhelos de su carne.
— No es posible... –un beso tan profundo como prolongado acalló sus palabras.
Yásvian odiaba oír siempre la misma excusa. Prefería creer que ella no estaba lista para él, aunque, en realidad lo estaba hacía mucho tiempo. El dilema residía en que su historia no les pertenecía únicamente a ellos. Krei se hallaba de por medio.
A Krei le pertenecía el Reino de Minterfeheld, el Manto de la Triarquía, y Miara Vacranord. Su Miara. Porque lo único bueno de todo era que ella lo deseaba a él, no a Krei. Sin embargo, ni eso, ni mucho menos ser descendiente directo de Cormac Thelinthon parecían nunca ser razones de peso como para poder ambicionar una posición más allá de la de noble.
Posición que lo rebajaba, tanto como a su padre, o los antecesores de éste. Pues su línea de descendencia partía de Diaspia Fánigan, segunda esposa de Cormac. A quien él había tomado por mujer después del fallecimiento de Ragiana Marrián su primera esposa y madre de su primogénito. Desde entonces los hijos de Olener Thelinthon Marrián habían sido los únicos en ostentar títulos de príncipes. Y con el nacimiento de Philathy Fall, había llegado al mundo la primera princesa Thelinthon.
En suma, cada uno de los descendientes del segundo hijo legítimo de Cormac (Yawler I Thelinthon Fánigan), habían sido tomados por nobles, y no príncipes.
Su padre detestaba esa ley, empero, nunca hablaba al respecto con nadie que no fuera su hijo. Pues Yawler II era desconfiado y guardaba mucho rencor en su corazón por causa de heridas pasadas que en su interior aún estaban abiertas. Y él, Yásvian Thelinthon Rocaforte, después de comprender que podía perder a Miara por causa del peso de títulos que él jamás ostentaría, comenzaba a sentirse receloso.
— No pude pasar nada –recordó la princesa tomándose por la más sensata de los dos–. No hasta después de que me haya presentado pura ante Krei en
— En la noche de su boda –interrumpió Yásvian, alejándose con gesto brusco–. Eso ya lo sé. No tienes que repetirlo siempre que nos encontramos...
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Imperio Thelinthon
RandomEn un reino al borde del colapso, las sombras de una guerra inminente se ciernen sobre el norte. Para preservar la frágil paz, el reino de Minterfeheld se ve forzado a entregar a su princesa como un sacrificio. Mientras tanto, el príncipe heredero...
