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Capítulo 4.

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La fiesta

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La fiesta.

—Él solo me confunde, hyung —sollozaba en el hombro de su amigo—. Él me trata muy mal, pero me llama por apodos muy lindos, que solo hacen que mi corazón duela aún más. Hobi, ya no quiero que duela.

Hoseok dejaba leves caricias en su espalda, tratando de consolarlo. Para él era muy doloroso ver a su amigo así; no merecía sufrir de tal manera. Era injusto que lo hiciera, cuando él solo se había enamorado. Lo único malo en ello era que fue de la persona equivocada. Quien debería sufrir era el idiota de Jungkook; sin duda, no merecía todo el amor que Taehyung sentía por él.

—No llores más, cariño. Ese idiota no lo vale, no merece que malgastes tus lágrimas en él —acarició sus mechones castaños, llevándolos detrás de sus orejas.

—Pero es que a él me gusta, hyung. Jungkook me gusta, y yo estoy seguro de que lo amo más que a mí mismo, no puedo odiarlo —el contrario le separó de su cuerpo y levantó su mentón, haciendo que le mirara.

—No, no voy a permitir que digas algo así, Taehyung. No puedes quererlo más que a ti. Lo siento, pero eso es estúpido —limpió sus mejillas.

—Debes de tenerte como única prioridad. Está bien si Jungkook te gusta, pero no lo pongas a él como prioridad. No te hagas eso —le sonrió dulcemente; se sentía muy mal por su amigo.

—Tú... tienes razón, hyung. Debo ponerme a mí por delante de cualquier cosa. No merezco todo esto, no merezco que mi corazón sufra por alguien que jamás correspondería a mis sentimientos —limpió de manera brusca sus mejillas.

—Si Jungkook sigue tratándome mal, entonces yo igual lo haré —su amigo le miró con tristeza; no quería que un bello ser de luz como lo era Taehyung terminara convirtiéndose en alguien con sed de venganza. Aquello no traería nada bueno a su amigo, solo haría que el dolor aumentara.

Taehyung mostró una sonrisa algo distorsionada; sus ojos lucían apagados, y su mente solo repetía una cosa: odiar a Jungkook. Lo haría. Convertiría todo el amor que le tenía en odio. Haría que el de mechones rosas se arrepintiera por todo el daño que le causó, y no descansaría hasta verlo arrastrarse, rogando por su perdón.

Debería entonces portarse de la misma manera que lo hacía él, para lograr el éxito en su venganza. Pues entonces que así sea. Tenía que lograr que su tonto corazón dejara de sentir amor por Jungkook. Lo intentaría al menos, aunque doliera. Debía dejar ir todos aquellos puros y sinceros sentimientos por el de mechones rosas.

Colocó el mejor de sus atuendos: un pantalón marrón de tela, que era suelto y a la vez marcaba y resaltaba los lugares adecuados; una camisa blanca de mangas con los primeros botones abiertos, dejando a la vista sus apetecibles y marcadas clavícul...

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Colocó el mejor de sus atuendos: un pantalón marrón de tela, que era suelto y a la vez marcaba y resaltaba los lugares adecuados; una camisa blanca de mangas con los primeros botones abiertos, dejando a la vista sus apetecibles y marcadas clavículas, que brillaban debido a la crema con brillitos que usó en toda su piel. Roció la suficiente cantidad de su loción favorita en su cuerpo, colocó bálsamo en sus labios y un poco de sombra en ambos párpados. Se veía hermoso, una obra de arte que cualquiera se detendría a admirar, y eso era justo lo que el castañito quería. 

Si había algo que a Jungkook le enfadara más que cualquier cosa, era verlo junto a algún chico. Y aunque eso le parecía extraño y no encontraba respuesta alguna a ese comportamiento, Taehyung aprovecharía aquello a su favor. 

Tal como prometió, Doyoung lo recogió en su casa. Este había quedado sorprendido y cautivado al verlo. En el camino, no dejó de halagar su belleza y coquetear con él de manera sutil, mientras Taehyung se hacía el desentendido y miraba hacia la carretera. 

Era difícil no pensar en él; sin duda, su venganza sería muy interesante y dolorosa a la vez.

—Hemos llegado, lindo — indicó su acompañante

Taehyung bajo del auto, sintiendo los nervios llegar a él como una ráfaga de aire, desde ese momento empezaría su venganza, en cuanto pusiera un pie en aquel lugar, los muros se levantarían alrededor de su corazón y lo protegerán de sus enemigos, porque sí, Jeon Jungkook ahora sería su enemigo, ya no habrá más buenos tratos hacia él, ya no habrá un tonto Taehyung que lo ame.

—Hey, lindo, ¿no vas a entrar? — le saco de sus pensamientos Doyoung, y el castañito asintió, tomando la mano que se le era ofrecida.

Las curiosas miradas no tardaron en posarse en la nueva pareja ingresando al lugar, unos sorprendidos, otros con envidia, enojo o celos, y otros que solo fueron a sus mundos creando sus propias teorías.

—Oh, cariño ya han llegado—se acercó a ellos Hoseok—¡Que hermoso estas Taehyung!, dejarás miles de corazones rotos esta noche.

De todos ellos solo me interesa uno, pensó, solo hay un corazón al que quiero destrozar, tanto como lo está el mío.

Miró a su alrededor de manera cautelosa, quería asegurarse de que Jungkook estuviera ahí, pero enseguida su amigo lo notó y susurró cerca de su oído:

—Está en los sillones de al fondo, junto a sus amigos—indicó y el castañito no dudo en guiar su vista hasta allí, aquello que vio debía de ser algo normal, de todos los días, pues es algo común que las parejas se besen, no tenía por qué sentirse mal, su pecho no tuvo por qué doler, pero sin embargo lo hizo.

¿Dónde estaban esos malditos muros que lo protegerían?, ¿Dónde quedó el valiente Taehyung?, una farsa eso es lo que soy, solo eres un cobarde Taehyung, se dijo así mismo y apartó su mirada del de mechones rosas.

—¿Te sientes bien, Taehyung? 

—Sí, solo iré al baño, vuelvo enseguida —no esperó una respuesta del contrario, solo se alejó de ellos. Quería estar solo por unos minutos y hundirse en su miseria sin ser juzgado.

El camino se le dificultó un poco, tropezando con la gente que bailaba alegremente. Plantó un momento abrumado. Sus ojos picaban, queriendo gritar y llorar del enojo. Su mirada se posó sobre la pila de botellas de bebidas acomodadas en la barra del bar. Siguió caminando y llevó una consigo sin mirar de cuál se trataba. 

Sus pasos se hicieron cada vez más rápidos. Destapó la botella y dio un gran sorbo mientras se acercaba rápido a los pasillos; el sabor fuerte y conocido bajando por su garganta le hizo toser. Agradeciendo que no había nadie en el baño, al entrar lanzó con fuerza la puerta y suspiró acercándose a los lavabos.

—¿Por qué aceptaste venir aquí?—preguntó en un susurro a su reflejo en el espejo. Bebió otra gran parte de la botella.

—Ese idiota sabe que somos débiles—tocó su corazón—.Él sabe todo el daño que nos causa, y eso solo lo motiva a seguir haciéndonos sufrir—su voz se quebró.

Miró la botella con molestia antes de beber un poco más. Tal vez mañana se quejaría de la resaca, pero ahora no le importaba nada.

—¿Por qué, Taehyung? ¿Por qué te enamoraste del imbécil de Jungkook? —las lágrimas rodaron por sus rosadas mejillas mientras los pensamientos le consumían. La botella cayó vacía dentro del lavabo.

—¿Por qué no en Doyoung?, ¿por qué no nos fijamos en alguien tan bueno como él?—jaló sus mechones castaños, estaba devastado, frustrado y cansado de toda esta situación.

—Odiarlo—se burló—¿cómo podría Odiarlo, si tú sigues latiendo fuerte por él, cada que lo vemos?—preguntó a su corazón—¡eres estúpido, un tonto, eres un patético, Taehyung!—escupió con irá, quiso gritar, decir a los cuatro vientos que odiaría al de mechones rosas, pero eso sería absurdo, él no lo odiaba y quizás nunca logre hacerlo.

I hate you loveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora