|El amor suele pintarse como un cuento perfecto, pero pocas veces se habla del dolor que puede esconder.|
Taehyung y Jungkook se ven unidos por una atracción silenciosa, marcada por el bullying, el miedo y heridas que ninguno sabe cómo enfrentar. En...
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¡Cobarde!
¿Qué mejor que escuchar música mientras haces tus deberes? Ahí estaba él, siempre solo, en una de las esquinas de la biblioteca, tan sumido en sus cosas que no esperaba que su tranquilidad fuera interrumpida, o quizá sí, ya que era una costumbre.
—Eh, cariño, necesito que hagas esto por mí — lanzó el libro en la mesa, haciendo que él castaño se asuste
—Te estoy hablando, cerebrito, ¿no piensas responder? — el menor quitó los aparatos de sus oídos, prestando atención al idiota que interrumpió su paz
—¿Qué no te duelen las orejotas de cargar esa mierda metida todo el día ahí? — observaba con detalle cada movimiento del menor
—¿Qué es lo que quieres ahora, Jungkook? — preguntó sin interés alguno, volviendo la vista a los libros en la mesa.
—No entendí ni una mierda de lo que explico el profesor, así que tú harás el trabajo por mí — se apoyó en la mesa, colocando sus manos en las esquinas.
—El que no hayas entendido no es mi problema — guardó sus cosas en su bolso, dispuesto a salir del lugar. No quería hacer un escándalo ahí, después le prohibirán la entrada.
—Claro que lo es, harás el jodido trabajo por mí, Taehyung — tomó uno de los cuadernos del chico.
—No tengo tiempo para tus estupideces, Jung...
Su rostro palideció al notar lo que el de mechones rosas tenía en sus manos
—¡Dame eso! — se abalanzó intentando arrebatar el cuaderno de sus manos, pero el mayor no lo permitió. Levantó su brazo, haciéndole imposible que alcance dicho objeto, quedando ambos rostros muy cerca para sus gustos.
—No grites, recuerda que estas en una biblioteca. Además, ¿por qué tanto escándalo? Es solo un cuaderno — pudo sentir el aliento en su rostro de lo cerca que se encontraba.
—Devuélveme mi cuaderno, Jungkook, o sino...
—¿O sino qué, lindura? — fue consiente de la posición en la que se encontraban, por lo que se separó sonriéndole.
—Veamos qué hay de importante aquí — el oxígeno le faltó a Taehyung, cuando Jungkook abrió el cuaderno.
—De acuerdo, haré el trabajo — casi gritó, y el mayor le miró sonriendo — ahora devuélvemelo.
—Bien — hizo el amague de dárselo — Lo haré cuando me entregues el trabajo — iba a protestar, pero entonces apareció a quien menos quería ver en ese momento.
—Cielo, te he estado buscando por todos lados — le beso en los labios — ¿Qué haces con este? — miró mal al castaño, quien terminaba de guardar sus cosas.
No le respondió, en cambio, cruzó uno de sus brazos por encima de sus hombros, llevándolos fuera del lugar, no sin antes dar una última mirada al castaño.
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—¿Que el idiota de Jeon, ¿qué? — gritó irritado.
—Él lo tomó de la mesa, Hoseok, no pude hacer nada — lloriqueó haciendo un puchero.
—Ese imbécil me va oír — se levantó, dispuesto a salir en busca del de mechones rosas. ¡cómo se atrevía a tomar el diario de su mejor amigo y amenazar con que haga sus tareas o no se lo devolvería! ¡Eso era de cobardes!
—No Hoseok, está bien así, no causes más problemas. Solo debo hacer el trabajo y entregarlo — el contrario le miró con incredulidad y negó con la cabeza.
—¿Cómo puedes decir eso, Tae? Estas permitiendo que el idiota se salga con la suya y entonces seguirá haciéndolo cuantas veces se le plazca, porque tú no harás nada al respecto — soltó molesto.
—Solo será esta vez, ¿sí? No dejaré que vuelva a suceder — rogó porque su amigo no hiciera algo que solo empeorara las cosas.
—No prometo nada. Siempre dices lo mismo, Taehyung. Que él te guste no significa que debas de permitir que te trate así. Está mal y lo sabes, así que, si ese idiota se cruza en mi camino, entonces le daré un par de golpes.
Taehyung hizo un pucherito al mayor.
—No me convencerás con eso — habló serio, y Taehyung soltó un pesado suspiro, sacando los libros de su mochila. Tendría que acabar lo más pronto posible el trabajo de Jungkook si quería de vuelta su diario.
—Hola chicos — saludo sonriendo la rubia — ¿Me puedo sentar con ustedes? — ambos asintieron y la chica se sentó al lado de Taehyung.
—Oh, ese trabajo está muy difícil — miró lo que el castaño hacia e hizo una mueca — Espera, tú no vas en esa clase con nosotros, Tae. ¿Por qué estás haciéndolo entonces? — preguntó con curiosidad.
—El idiota de Jungkook, le ordenó que lo hiciera — indicó Hoseok con molestia.
—¿Eh? Pero....
—El imbécil tiene algo que me pertenece y me lo devolverá a cambio de que haga su estúpido trabajo — ambos miraron al castaño sorprendidos, él no era alguien que insultaría al de mechones rosas.
Lo cierto es que todos tenemos un límite y tal parece que el de nuestro tierno castañito está llegando al suyo.