|El amor suele pintarse como un cuento perfecto, pero pocas veces se habla del dolor que puede esconder.|
Taehyung y Jungkook se ven unidos por una atracción silenciosa, marcada por el bullying, el miedo y heridas que ninguno sabe cómo enfrentar. En...
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Lo que nunca imagine.
El ruido del gimnasio se mezclaba con las voces de los chicos sentados en las gradas. Jungkook estaba inclinado hacia adelante, los codos sobre las rodillas y el ceño fruncido mientras sus amigos lo observaban con expresiones que iban desde la curiosidad hasta la diversión.
—Espera… entonces tú… —empezó uno de ellos, tratando de contener la risa.
—¡Sí! —lo cortó Jungkook de inmediato, levantando la cabeza con evidente frustración—. Ya es suficiente. Les estoy contando esto para que me den un consejo, no para que se burlen de mí.
Un par de carcajadas escaparon de todas formas.
—Amigo, eso es lo más fácil del mundo —respondió uno de ellos con total naturalidad—. Ve y confiésate.
Jungkook soltó un suspiro pesado y se dejó caer contra el respaldo de la grada.
—Ah, claro… él ya lo sabe —murmuró, otro de sus amigos pasando una mano por su cabello rubio—. Pero no lo has hecho… apropiadamente.
—¿Cómo qué no? —preguntó otro.
—No es lo mismo decir “oye, me gustas, dame una oportunidad” y desaparecer —explicó el rubio— que hacer algo… no sé… más romántico.
Uno de los chicos se incorporó con exageración.
—¡Exacto! —exclamó señalándolo otro—. Flores, cartas, mensajes, un peluche, invítalo a cenar, cómprale algo bonito… ¡qué sé yo! Un carro, una casa…
—Abrigos… —murmuró Jungkook casi para sí mismo.
Todos lo miraron.
—¿Qué?
—A Taehyung le gustan los abrigos —aclaró Jungkook, encogiéndose ligeramente de hombros.
Hubo un segundo de silencio.
Luego uno de los chicos se echó a reír.
—Entonces busca un maldito abrigo y dáselo —dijo entre risas—. Empieza a ser más atento. Si dices que te gusta tanto, demuéstraselo.
Jungkook bajó la mirada, pensativo.
—¿Y si me rechaza?
—Pues tendrás un abrigo nuevo—respondió otro de los chicos mientras se encogió de hombros.
Las risas estallaron de nuevo y Jungkook hizo una mueca, lanzándole una mirada asesina.
—Oye, tranquilo —intervino Jimin, con un tono más serio—. No lo has hecho tan mal. Hablas con él cuando puedes, estás intentando arreglar las cosas… no seas tan duro contigo mismo.
Jungkook suspiró otra vez.
—Estás empezando una vida nueva —continuó Jimin—. Trabajar, estudiar, todo al mismo tiempo… adaptarse a eso no es fácil.