|El amor suele pintarse como un cuento perfecto, pero pocas veces se habla del dolor que puede esconder.|
Taehyung y Jungkook se ven unidos por una atracción silenciosa, marcada por el bullying, el miedo y heridas que ninguno sabe cómo enfrentar. En...
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Esto jamás pasó.
En ocasiones, nuestros planes toman un rumbo diferente; a veces para bien y otras para mal. Un instante fugaz que marca nuestras vidas, como un amor que no es correspondido y que, si lo fuera, no podrían estar juntos.
Quizás el cruel destino les jugaría una mala pasada a ambos chicos o solo se trataría de un pequeño empujón que desataría el caos en ambos corazones.
Tan centrado en arreglar el aspecto decaído de su rostro, aplicó un poco de brillo en sus labios y limpió los restos de lágrimas en sus mejillas, suspiró y se dispuso a volver con sus amigos, se supone que había aceptado ir a la fiesta para distraerse y divertirse, muy aparte de vengarse del de mechones rosas, así que con una pequeña sonrisa se miró por última vez en el espejo, pero enseguida el sonar de la puerta ser abierta y en cuestión de segundos ser colocado el seguro en la misma, le desoriento.
—¿Qué haces? Está ocupado, ¿qué no ves? —habló algo nervioso al ver al de mechones rosas acercarse a él a pasos sigilosos.
—Me desobedeciste de nuevo, Kim —quedó frente al castaño, acorralándolo, haciendo que chocara contra el enorme lavamanos detrás de él.
—Vete a la mierda, Jungkook —lo empujó y se dirigió a la salida, pero sus pasos fueron detenidos.
—Cuida esa boquita al hablarme, cariño —lo tomó de la cintura, juntando ambos cuerpos.
—¿Por qué estabas junto al idiota otra vez? ¿Acaso no fui claro contigo? —el castaño volvió a empujarlo, alejándose de él.
—Si te me sigues acercando, voy a empezar a gritar —lo miró con molestia.
—Claro que lo harás, cariño; vas a gritar, de eso me encargaré yo —sonrió con picardía.
—Hablo en serio, Jungkook —dijo cuándo el de mechones rosas empezó a acercarse de nuevo.
—Yo igual lo hago, cariño —sus manos sostuvieron la cintura del menor por unos segundos, para luego deslizarse hasta su pomposo trasero. Amasó la carne entre sus dedos, para luego subir al inicio de sus caderas y escabullirse dentro del pantalón marrón que portaba Taehyung.
Su cuerpo se tensó. Quiso separarse, pero sintió algo frío caer en medio de sus glúteos, y por un momento, pensó que solo era parte de su imaginación, influenciado por el alcohol que había consumido.
—¿Qué-qué es eso? —cuestionó Taehyung, mirándolo fijamente. Jungkook sonrió, retirando su mano de sus pantalones. Para alzarla frente a su rostro, mostrando un sobre pequeño de lubricante.
—No puedes decir que soy tan malo, cariño —susurró Jungkook cerca de su oído, dejando el sobre vacío caer al suelo mientras volvía a meter su mano debajo de su pantalón.
Taehyung no pudo protestar, procesando lo que había dicho.
Dos de los dedos de Jeon empezaron a hacer fricción sobre su entrada; pequeños círculos y toques sutiles eran dados, el líquido frío volviéndose más tibio y pegajoso. Sus piernas temblaron como gelatina y juró haber escuchado una risita por parte del mayor.