Park Hoseok tiene un secreto. Le gusta un poco de dolor con su placer, y anhela la libertad que sólo puede encontrar en la dominación de otro hombre. Pero ese secreto la ha costado, y ahora, ya no se atreve a satisfacer su verdadera necesidad.
Una...
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Unos años antes
Hoseok se sentó sobre sus rodillas enfrente de su Dom, mirando con cautela a la multitud. No le gustaba esta fiesta. Él y Suho habían estado en un montón de eventos que abastecían a la comunidad BDSM, pero esta noche, había una sensación diferente en el aire, algo que hizo que Hoseok se sintiese incómodo y sólo un poco aprensivo.
Tomó una profunda respiración y se inclinó contra la pierna de Suho. Eso estaba bien. Su Dom le protegería. Suho le amaba y siempre había estado ahí para él. Estaría bien.
Suho dio un empujoncito a Hoseok con su pie, y finalmente Hoseok se acordó de sí mismo. Maldición. Lo había olvidado. Tenía que mantener la postura perfecta cuando estaban en público. En privado, Suho podía hacer la vista gorda a las fallas de Hoseok como sub -era increíble de esa manera- pero cuando estaban fuera, Hoseok tenía que tener su mejor comportamiento.
Hoseok enderezó su espalda y forzó una serena sonrisa sobre su rostro. Si quería ser perfectamente honesto, no le gustaba la posición, especialmente desde que los propietarios de esta particular localización parecían enamorados de suelos de frío y duro mármol. Pero no le fallaría a su Dom. Eso era lo más importante en el mundo.
Mientras Hoseok se repetía esa letanía a sí mismo en su mente, otro Dom se acercó, un sub siguiendo detrás de él, completamente desnudo. El Dom no reconoció a Hoseok de ninguna manera, pero eso no sorprendió a Hoseok.
-Hey, Suho -dijo el desconocido Dom-. Tiempo sin verte.
-Maldita sea, Clint, ¿han pasado qué... dos años? -Suho se rio entre dientes-. ¿Cómo has estado?
Clint se dejó caer en el sofá al lado de Suho, mientras su sub se sentó en el suelo, al igual que Hoseok. -Ya me conoces. El mismo de siempre. Muchos viajes, muchos negocios.
-Bueno, ya sabes lo que dicen. Todo trabajo y nada de juegos hacen que Clint sea un chico aburrido.
Clint soltó un bufido. -Te lo aseguro, tengo muchos juegos-Agarró el negro cabello azabache de su sumiso y forzó su rostro en su entrepierna-. Vamos, mascota mía. Muéstrale a Suho lo que tienes.
Obedientemente, el sub bajó la cremallera de Clint con los dientes y comenzó a chupar la polla del otro hombre. Hoseok observaba todo por el rabillo del ojo, todo el tiempo luchando por mantener su postura perfectamente erguida. Con el amigo de Suho aquí, fue más importante para Hoseok no joder esto.
Los sorbidos y succiones parecieron durar para siempre, pero al final, el cuerpo del otro Dom se estremeció cuando se corrió. Suho aplaudió. -Muy bien. Pero creo que no tiene nada que hacer con mi Hoseok.
Suho se levantó y le hizo un gesto con la mano a Hoseok para que le siguiera. Hoseok le siguió obedientemente, tan orgulloso de que Suho le hubiese elogiado frente a su amigo. Cuando Suho se dirigió hacia la cruz de San Andrés en el centro del club, Hoseok no pensó en nada de eso. No era algo que hiciesen de manera regular, pero Hoseok tenía una vena voyerista, de manera que le gustaba observar y ser observado algunas veces.