𝟑𝟔 | 𝐃𝐞𝐬𝐢𝐥𝐮𝐬𝐢ó𝐧

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「 ✿ 𝐍𝐀𝐑𝐑𝐀 𝐕𝐈𝐂𝐓𝐎𝐑𝐈𝐀 ✿ 」

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「 ✿ 𝐍𝐀𝐑𝐑𝐀 𝐕𝐈𝐂𝐓𝐎𝐑𝐈𝐀 ✿ 」

𖹭

𝐌𝐄 𝐌𝐈𝐑É 𝐄𝐍 𝐄𝐋 𝐄𝐒𝐏𝐄𝐉𝐎 𝐐𝐔𝐄 𝐄𝐒𝐓𝐀𝐁𝐀 𝐄𝐍 𝐄𝐋 𝐁𝐀Ñ𝐎 𝐘 𝐓𝐄𝐍𝐈𝐀 𝐌𝐈𝐒 𝐎𝐉𝐎𝐒 𝐑𝐎𝐉𝐎𝐒 𝐃𝐄 𝐓𝐀𝐍𝐓𝐎 𝐋𝐋𝐎𝐑𝐀𝐑, mi maquillaje todo corrido y la desilusión a flor de piel. Me lavé la cara con agua fría varias veces y me dispuse a dejar de llorar para empezar a armar mi valija y volver a Buenos Aires cuanto antes.

No tenía ninguna razón para seguir acá en uruguay.

Saqué todas las cosas que había guardado en el placar y nisiquiera me esforcé en acomodarlas, literalmente las tiré en la valija y cuando ya tenía todo guardado, la cerré. Busqué mi cámara que estaba arriba de mi cama y la miré por un rato, no iba a volver a usarla en un tiempo.

Eran las siete de la tarde, por lo que algún vuelo disponible para Argentina tenía que haber. Salí al balcón para buscar una campera que me había olvidado y no me resistí a disfrutar una última vez de esta vista hermosa que tenia. El sol se estaba empezando a esconder y las calles estaban siendo más transitadas.

Todavía en el balcón, agarré mi celular para entrar a las páginas de unas de las aerolíneas más baratas y así finalmente volver a mi departamento, en donde podia descansar y pensar sobre como iba a seguir mi vida apartir de ahora.

Levanté mi vista y pensé en los mensajes que había recibido de matias. El no había podido venir como lo habia prometido y sus grabaciones se extendían hasta febrero. Creo que cualquiera puede pensar que eso es muchísimo tiempo.

Íbamos a pasar mucho tiempo sin él otro y la sensación de miedo estaba apareciendo.
Muy en el fondo sentía que el estaba avanzando y yo me estaba quedando atrás.

Me estaban llegando varios mensajes seguidos de el, pidiendo que le conteste y preguntando si lo estaba ignorando. No lo estaba ignorando, estaba ignorando la sensación que sentía cuando hablaba con él. No sabía si esto lo estaba sintiendo porque me había pasado todo y ya no sabia que hacer, no sabía que rumbo tomar.

Ignoré sus mensajes y seguí buscando algún vuelo que saliera en unas horas para Argentina. El semblante de la duda apareció cuando recibí la primer llamada de el, iba a contestar pero la señal pareció cortarse.

No pasaron ni cinco segundos cuando volví a recibir otra llamada de el y esta vez contesté. Llevé el celular a mi oído y esperé a que el hablara primero.

—Victoria, al fin. ¿Porqué no contestabas los mensajes que te mande? ¿Como estas? No hablamos y te extrañe.

Tarde en contestar y suspiré pesado.

𝐌𝐈𝐃𝐍𝐈𝐆𝐇𝐓| 𝐌𝐚𝐭𝐢𝐚𝐬 𝐑𝐞𝐜𝐚𝐥𝐭 ✓Donde viven las historias. Descúbrelo ahora