Capítulo IV. El relato del anciano

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Unos diminutos escalones comunicaban a una habitación pequeña que sí estaba iluminada, no como la parte frontal de la tienda. Jessica de inmediato examinó el lugar. Estaba amueblado con dos sillones individuales rojos, una alfombra circular color violeta con símbolos dorados. Había una mesa de centro con un mantel que tenía patrones iguales a los de la alfombra y tiras de hilo color oro colgando de él, sobre ella había un juego de té que lucía antiguo y era hermoso. Detrás de los sillones se encontraba una mesa de mayor tamaño, en el cual descansaba un mugroso y corroído caldero y algunos frascos con líquidos de colores, la mayoría en verdes de distintas tonalidades. Un candil se enganchaba del techo compuesto por cuatro focos. Alrededor del salón, en lugar de muros, había libreros con docenas de libros y de frascos con contenidos extraños, parecían bichos y otras rarezas sumergidas en líquidos. Eso le recordaba a Jessica sus clases de laboratorio de la secundaria. Estaba muy nerviosa y confundida como para admirarlos bien.

El hombre encapuchado la invitó a tomar asiento. Luego le acercó una taza de té a Jessica gentilmente, ella la tomó y le dio un sorbo con algo de desconfianza. El sabor del té era dulce, de alguna fruta exótica supuso. Dejó la taza con delicadeza en la mesa de centro y preguntó:

-¿Qué es lo que pasa conmigo? Y... ¿ese hombre qué era y que quería? No entiendo que está sucediendo- terminó con la voz temblorosa y se llevó las manos a la cabeza. El encapuchado le dedicó una débil sonrisa. La boca era lo único que Jessica podía visualizar debajo de la capucha.

-Lo que estoy a punto de decirte puede causarte temor, confusión o enojo. Pero, atribuyendo a lo que vi que hiciste, estoy seguro de que es verdad y tú también debes creerlo.-Ella lo veía con una mirada asustada y expectante-. Juzgando por lo que vi y confiando en mi experiencia...eres...al no haber un mejor término... Una bruja.

Jessica despegó su espalda del respaldo y, alterada, se inclinó hacia enfrente con cara de incredulidad.

- ¿Qué estupidez acaba de decir?- lo interrumpió.

-Déjame contarte la historia, escúchala y al final me dices lo que opinas-continuó mientras ella se reclinaba nuevamente en el sillón con los ojos exageradamente abiertos-. La magia que lanzaste de tus manos es distinta a la de una bruja común, y mucho más poderosa. Esa luz sólo la había visto en pocas personas en mi vida. Es un poder con gran fortaleza que sólo la cofradía Corstella podía utilizar. Por lo tanto eso significa que eres una bruja Corstella. Una de las brujas más poderosas de todo el mundo-pausó sonriendo y viendo el rostro atento y confuso de Jessica-. Dime... acaso, ¿eres adoptada?

Se detuvo a pensar en si debería de responder con honestidad. ¿Cómo podía confiar en él si ni siquiera le mostraba su rostro? Por otro lado, no ganaba ni perdía nada diciéndole que sí, así que lo hizo. Lo miro fijamente.

- Lo supuse-le contestó. Su rostro tomó un gesto serio-. Existía una bruja llamada Catrina Epryka Betskart, y ella contrajo matrimonio con otro brujo, William Corstella. Se amaban mucho y su amor dio como resultado el nacimiento de cuatro herederos, los cuales estaban destinados a ser los Corstella más fuertes hasta el momento ya que cada generación de brujos Corstella se hace más y más fuerte siempre y cuando ambos padres sean brujos y en este caso lo eran. Los seis eran una familia hermosa y feliz-pausó por un segundo. Jessica bebía del té sin despegar los ojos del sujeto-. Hubo una guerra en Zircón, la isla vecina de Jaspe, en la cual ambos fueron partícipes y en donde, al término de la misma, se separaron. Después, Catrina mandó a sus hijos a diferentes orfanatos y casas de adopción, pero no sin antes borrarles la memoria a todos y cortarles su magia.- Jessica no quería escuchar. Creyó que era un loco, que era un anciano solitario que contaba historias para llamar la atención, pero eso no explicaba cómo es que se había elevado en el aire. Algo en su interior le decía que tenía que escucharlo-. Fue entonces cuando William encerró a Catrina en una gran estructura, un lugar impenetrable: la antigua y legendaria fortaleza Corstella. Después de eso William desapareció de la faz de la Tierra.

Híbridos. Sangre de bruja y de demonio. Parte IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora