Desperté en la mañana, con la sábanas pegadas en mi cara, dejando una cicatriz plasmada en mi rostro que le exhibía a los demás lo incómodo que dormí.
Dejamos la ventana abierta, hicimos un desórden. Tengo el cierre del pantalón abierto, ¿abremos hecho algo? No recuerdo nada, nos dejamos llevar por el alcohol. No pensé emborracharme con vino, pero supongo que no puedo predecir más que palabras.
Aún puedo saborear ese característico sabor a tabaco, y junto a ese sabor se mezcla un amargor que me delata del error que cometimos.
Tengo un mal presentimiento.
Trato de levantarme, me pesa la cabeza y me siento algo afiebrado.
¿Caesar estará bien?
Siento que algo anda mal.
Aún no logro acordarme mucho de lo sucedido ayer. Recuerdo no haber hecho nada, pero entonces, ¿qué és este sabor de boca que se prolonga tanto, o este cosquilleo desagradable en mi estómago?
Mis pies descalzos hacen rechinar la madera con cada paso que doy, estoy lentamente acercandome al baño mientras alzo mis brazos y manos intentando alcanzar el cielo para estirarme. Mi espalda forma un arco gracias a la curba que genera mi pereza tras despertarme, mis ojos aún siguen dormidos y he de tener suerte para abrir ambos a la vez.
He llegado a la puerta, habrán sido 5 pasos, los cuales alargue a lo más poder con tal de no despertar de golpe, odio ese sentir. Quedo frente a frente al baño y doy un gran bostezo antes de entrar.
Abro la puerta, y ante mis ojos puedo presenciar una escena que no pude asimilar.
Frente a mi, desparramada en el frío lavamanos y piso del baño, habían manchas de este fuerte y rojizo líquido dispersas al rededor. Le acompañaba este olor metálico que te acorrala apenas le hueles, papeles higiénicos tirados en el piso cubiertos de sangre, dejando bien en claro que intentaron muy burdamente limpiar el desastre causado.
Tal vez no era demasiado, pero si lo suficiente como para hacerme tomar una bocanada de aire al ver esto.
Llevé mi mano a la boca. Lo primero que pude pensar.
Caesar.
Hago lo posible para acelerar mi paso hacia su cuarto, pero mi mente está colapsada pensando los peores escenarios que me pueda encontrar al abrir la puerta.
Y al estar frente a frente a su habitación, no puedo evitar sentir una angustia que parece apretar mi garganta, tensar mi cuerpo y hacer temblar mis manos contra la manija, tengo miedo. No puedo ni quiero imagínar lo que puedo encontrar tras esta puerta.
Sin embargo, la curiosidad y preocupacion logran vencer este miedo, abriendo la puerta y logró divisar una silueta tras su cama.
Está su cuerpo, acurrucado y abrazado a si mismo, pegado a la pared.
Suspiro, cierro la puerta con pestillo y camino a sentarme a su lado.
—Caesar... ¿Que hiciste?
Noto que sus ojos se desplazaban por cualquier parte que no sea mi silueta, evitando afrontarse a mi cara.
—Sólo fue un corte, lo juro.
—¿Por qué?
—... — No lo sé. Sólo sentí que debía.
Rápidamente empecé a revisar sus muñecas. Había un corte horizontal en su muñeca izquierda. Era algo profundo, pero por suerte, no lo suficiente para producir un desangrando preocupante.
Era algo reciente, lo deduje por el color de la sangre. Y aún habían gotas de sangre secas marcadas a lo largo de su antebrazo. Debió haberse cortado e inmediatamente volver a su cuarto.
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Un Beso Desolado
Romance⚠ADVERTENCIA⚠ Este libro probablemente contenga homofobia, machismo y religión impuesta. Si es que eres sensible a alguno de estos recomiendo no leer. Cada vez que estoy con él tengo este sentimiento, y me quedo fijo en sus ojos y labios. No quiero...
