VI

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Draco y Harry al día siguiente no podían creer todavía lo que habían visto y encontrado en aquellos pasillos de Hogwarts, seguían haciendo sus especulaciones y Harry decidió contarle lo que creía que tal vez había en aquella zona, no era sorpresa que para esa magnitud de bestia en un colegio de niños que presentaba un notorio peligro, debía ser algo sumamente valioso.

Sin embargo, Harry sopesaba la idea de que era lo más irresponsable que un colegio podía hacer, por más que Hogwarts bajo la tutela de Dumbledore fuese una de las zonas más seguras, tenían entre sus manos la vida y responsabilidad de miles de alumnos. Tener aquello en una puerta donde simplemente sueltas un "Alohomora" y se abre, era ridículo, cuestionable y hasta sospechoso.

Si tanto valor tenía aquel objeto, ¿Por qué un simple hechizo que cualquier niño podía conseguir en un simple libro, lograba abrir la puerta así nada más?

—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Draco.

—O las dos cosas —opinó Harry pero como lo único que sabían con seguridad del misterioso objeto era que tenía valor, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas—. ¿Tu padre lo sabe?

—¿El qué?

—Lo del perro.

—No, no le he contado y si le cuento, lo más probable es que se indigne y lo hable con el ministerio por el completo descuido del colegio. Eso nos dejaría expuestos a nosotros de estar fuera de nuestras camas en horas indebidas.

—Y tendría razón de hacerlo. —Harry sabía que si le contaba algo parecido a Hannibal, igualmente habría buscado la forma de presentar cargos legales, después de todo, sus vidas corrían peligro, aunque no podía hacerlo igualmente.

—Créeme que cuando acabe el año escolar, se lo haré saber a mi padre, es indignante y hasta irresponsable.

La mayoría del tiempo, Harry pasaba más en su habitación que en la parte de abajo del castillo, no se encontraba interesado en la inmensidad de la zona, la emoción principal ya le había pasado y su concentración estaba completamente puesta en diversos libros que Snape le había dado en una de sus últimas visitas, no habían iniciado sus clases de oclumancia todavía, contrario a eso, le había exigido básicamente que se nutriera.

Tenía tres libros que hablaban sobre el núcleo y control de la magia, el poder de la mente y la naturaleza de la magia gris. El interés de Harry en aquella lectura era adictiva, se la pasaba devorando página por página cuando nadie lo veía hasta que un día, mientras estaba recostado sobre su cama, Draco entró sin aviso.

—Aquí estás, te he estado buscando, ¿Quieres que vayamos con Crabbe y Goyle a ver a los grandes jugar? —Cerró la puerta detrás de él mientras soltaba un suspiro cansado y al ver cómo Harry intentaba ocultar disimuladamente el libro bajo las sábanas, caminó hasta él—. ¿Qué lees?

Harry se quedó callado por un rato, no era como si estuviese leyendo algo indebido pero tal vez eso iba a generar dudas en el contrario. De todas formas, ¿Cómo confirmaba si Draco era de fiar si no lo ponía a prueba?

Sacó el libro y se lo mostró.

—¿Dónde lo conseguiste? —El rostro de Draco parecía brillar ligado a sus ojos mientras tomaba el libro con sus manos y lo evaluaba.

Harry no entendió su impresión, sin embargo, se sentó mejor sobre la cama y preguntó:—¿Qué tiene?

—No son libros de magia... común.

—¿Común?

Draco permaneció en silencio un rato mirando al moreno, luego de reflexionar, se fue hacia su baúl y revisó por debajo de su ropa hasta que encontró lo que buscaba, otro libro. Regresó hasta la cama de Harry y se sentó a su lado.

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