La despedida en el expreso de Hogwarts fue breve, no porque no tuviesen nada para decirse o porque no existiera sentimentalismo sino porque, entre ellos sabían que podrían seguir en contacto hasta el próximo año escolar y eso era suficiente.
Harry pasó parte del recorrido final sumergido en sus pensamientos, ya no le generaba ruido nada de lo que días antes colmaba su cabeza como por ejemplo el tema de su linaje según las palabras de Voldemort, lo poco que seguía sin saber y la leve información que había recolectado, sino que, ahora, sus emociones viajaban en contradicciones que no había experimentado antes y el título se lo llevaba su padre.
Sabía que estaba bien, Snape se lo había hecho saber al tenerlo al tanto de que habían estado en comunicación pero su malestar venía a raíz de que sus acciones estaban bajo el conocimiento de Hannibal y eso no le proporcionaba ninguna tranquilidad porque sabía que para él, toda acción tenía su consecuencia.
Ya se encontraba finalmente en el mundo muggle, fuera de todo lo nuevo que había conocido, de sus nuevos amigos. A lo lejos ubicó a un hombre que reconoció como el chófer que su padre tenía dispuesto a buscarlo o llevarlo cuando él no podía.
—Hola, Harry, ¿Listo para ir a casa? —Con una sonrisa el hombre le abrió la puerta trasera esperando a que el menor suba y luego encargarse de su equipaje.
—Buenas tardes señor, gracias, sí.
Saludó con cortesía pero sin darle la oportunidad de seguir con la conversación, subió al auto sin decir nada más y hospedó su mirada en la ventana nuevamente, viendo los alrededores ya bastante conocidos para él, las edificaciones cada vez se hacían más familiares hasta que, su casa se desnudó ante su mirada. El agujero en su estómago volvió a crecer.
—El señor Lecter lo está esperando dentro, no se preocupe por sus posesiones, en un momento las subiré a su habitación.
El semblante de Harry como era costumbre se mostró ilegible a ojos ajenos aunque las emociones palpitaran entre miles, se bajó del auto y a pasos lentos comenzó a caminar hasta la puerta, su mano tomó la manija, un tiempo prudente mientras se planteaba lo que tenía previsto decir, las excusas no eran algo que fuese a optar como atajo porque sabía que eso sólo alteraria más el ambiente pero entonces, ¿Cómo iba a llevar a cabo las explicaciones de lo que había sucedido? Y si en dado caso su padre las iba a querer escuchar.
Soltó un suspiro ya sin querer postergar lo inevitable y abrió finalmente la puerta pasando después de unos minutos. Su hogar lo abrazó y recibió cálidamente, seguía siendo tan acogedor como siempre, las cosas seguían en el sitio donde las recordaba, la sala seguía postrando las decoraciones tan características de siempre, había un silencio un tanto sepulcral en el ambiente y cuando Harry dio la vuelta para dirigirse hacia la cocina, vio a Hannibal de pie a un par de pasos.
El rostro de su padre estaba en blanco, no poseía ningún gesto que pudiese leerse, como siempre. No se acercó, sus ojos estaban puestos en Harry, en silencio lo vio de arriba a abajo como si estuviese analizando algo. Los nervios de Harry estaban a flor de piel, la falta de palabras o expresiones tornaba todo aún más tenso y el menor se negaba a ser el primero en hablar porque lo menos que quería era expresar algo en agonía de defenserse a sí mismo, tener los ojos brillosos y analíticos sobre él sólo lo hizo sentir desnudo, experimentando que para aquellos orbes casi dorados no podía ocultar nada, ni siquiera sus propios pensamientos aunque intentase aplicar la oclumancia.
—Si tienes algo para decirme, este es el momento.
Hannibal habló después de un tiempo. Su voz, gruesa y firme le dio a Harry una orden directa que entendió al instante. "Ya lo sé todo pero te doy la oportunidad de que me lo cuentes tú".
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La luz de los Lecter
FanfictionMuchas veces nacemos para ser el eclipse de otros y la tempestad de un mundo entero mientras que otras, sólo algunos, nacen para ser la vida y la luz de un mundo pequeño pero infinito. Sin ser planeado y sin ser buscado, Harry se convirtió desde el...
