Capítulo 2- Sueños a escondidas

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—Qué chico interesante...

A YunKai no se le había borrado la imagen del furioso hombre que había ido a su apartamento la noche anterior: su cabello negro cortado a la moda, sus ojos oscuros y rasgados, a los que el enojo les daba más brillo, y ese rubor en la piel, le habían gustado bastante. Por su acento, se dio cuenta de que era chino. Eso le recordó a su padre, y la sonrisa que le había provocado su recuerdo se le borró de la cara.

Había decidido tener una noche tranquila, para variar, y luego de ocho horas de sueño, cuando sonó su despertador, se estiró en la cama sin ganas de levantarse. Debía ir a su trabajo, la gerencia de una de las empresas de su padre, que desde su llegada a Francia había amasado una pequeña fortuna importando productos desde su país natal.

Se levantó despacio, sintiendo el cansancio en los huesos: las noches de sexo con las dos amigas, que había conquistado en un centro nocturno, le estaban pasando factura. Tener a las dos chicas juntas era una novedad placentera, pero a veces llamaba a Alain, un francés de su edad, para que se les uniera en una noche en la que los dos sabían que todo estaba permitido. YunKai se consideraba un pansexual: si le gustaba alguien, no se fijaba en su género ni en su edad. Solo se dedicaba a conquistarlo.

Se dio una ducha caliente para tratar de eliminar el dolor y el cansancio de su cuerpo, y después se vistió con un traje gris, camisa blanca y corbata celeste, la vestimenta obligada de un sobrio gerente de empresa. No le gustaba la ropa formal, pero era el hijo del dueño y tenía que dar un buen ejemplo. 

Había estudiado administración de empresas, pero su padre le había enseñado más que la universidad; estaba seguro de que si algún día el mayor no podía ocupar su puesto, él iba a ser capaz de manejar la empresa sin problemas. Pero sabía que algunos socios menores de su padre no sólo no creían en él, pensando que era un parásito puesto por influencias familiares, sino que estaban dispuestos a pasarle por encima si tenían la oportunidad.

YunKai trabajaba con eficiencia y obedecía en todo a su padre, pero tenía un hobby secreto: las carreras de autos. Algunas tardes cambiaba su ropa formal por un traje especial de corredor y un casco, para manejar su coche adaptado para carreras, en una pista a las afueras de París.

Cinco años atrás, había pasado con su padre, en el auto familiar, por una calle al costado de la pista, y le llamó la atención la cantidad de gente joven que vio. El rugido de los motores lo hizo enderezarse en su asiento, con curiosidad por ver las máquinas que hacían ese ruido tan llamativo. Su padre lo reprendió:

—¡¿Qué miras?! ¿Acaso te gusta lo que hacen esos niños ricos? ¡Si vivieran en mi país estarían trabajando doce horas, y no tirando el dinero de sus padres con esos cacharros!

YunKai lo miró sin atreverse a responder: su padre creía que la vida consistía en sacrificarse y juntar dinero para la vejez, y que no había que malgastarlo en tonterías. Su madre lo había domado un poco, logrando que por lo menos no trabajara los fines de semana, pero el hombre tenía una moral rígida y unas convicciones profundas que con el tiempo chocaron con las de su hijo. YunKai le ocultaba casi todos los aspectos de su vida, porque sabía que él nunca iba a aceptarlos.

Había comprado su primer auto a costa de sacrificios. Era un coche viejo, que un corredor más experimentado había decidido abandonar porque tenía la carrocería destrozada por los choques. YunKai lo chocó más mientras aprendía, pero para cuando pudo comprarse uno mejor, ya tenía práctica. Le encantaba el ambiente de esas carreras que no eran oficiales ni mucho menos: apenas rozaban lo legal, y los corredores eran de todos los estratos sociales: hijos de ricos a los que sus padres pagaban sus caprichos, o muchachos que gastaban en sus autos el dinero ganado en actividades legales o no tanto; pero a él esas cosas no le interesaban: la adrenalina de la velocidad, y la verdadera amistad de esas personas que no sabían quién era y tampoco se lo preguntaban, era demasiado valiosa para él, tanto que ni siquiera se fijaba en las bellas mujeres que siempre rondaban por la pista. No quería ensuciar con un amorío sin futuro ese mundo que tanto le apasionaba.

Tenía un amigo que había conocido en las carreras, Julien, al que había contratado para que se encargara de su auto. Julien era un hombre grande, macizo y con la ropa siempre manchada de aceite, que lo recibía con un abrazo fuerte y unos sonoros golpes en la espalda, dados con sus manazas que siempre sostenían alguna herramienta. YunKai se quejaba cuando el enorme hombre lo sacudía a golpes de llave francesa. Pero era un excelente mecánico y un amigo sincero.

                         ***                                                         

Una noche, los padres de YunKai lo invitaron a cenar a un restaurante de comida china, muy famoso por sus exquisitos platos. El chico los acompañó porque le gustaba la comida del país de su padre, y le pareció bueno disfrutar de una noche en familia. Lo que no se esperó encontrar en el restaurante fue a una espectacular morocha, la sommelier. Cegado por su belleza, se olvidó del motivo de su salida.

—Kai, por favor… —El llamado de atención de su madre lo volvió a la realidad. Su padre lo miró con expresión seria, pero no dijo nada.

El chico volvió a sumergirse en su plato, pero unos momentos después se excusó para ir al baño. A la vuelta pasó al lado de la morocha y le preguntó:

—¿Tú eres la sommelier de este restaurante?

—Sí, señor. Mi nombre es Vivianne…

YunKai miró a la mujer a los ojos, luego le sonrió y le extendió una tarjeta:

—Si quieres, llámame… —le dijo, sin dejar de observarla. Vivianne parecía nerviosa y miró hacia los costados, pero tomó la tarjeta y, sin decir una palabra, se la guardó. Desde la mesa, la madre de YunKai lo observó hacer su jugada y miró a su esposo, esperando que no se diera cuenta de nada. Por suerte, el hombre estaba concentrado en saborear un pato a la pekinesa, su platillo preferido.

Los enemigos (Finalista Wattys 2024)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora